Por qué paso de promocionar mis libros

Muchos me preguntan por qué, siendo como soy experta en marketing, no hago el menor esfuerzo para vender mis libros. Porque sí, si le dedicara un poco de tiempo e hiciera una planificación estratégica para promocionarme, con la buena base que tengo, podría ganar bastantes lectores. Pero tengo mis razones, que son estas:

No quiero que mi hobbie se convierta en un trabajo

Escribo para divertirme. Publico para ver si saco algo de dinero, por supuesto, pero no es mi fuente de ingresos y no aspiro a que lo sea. No os engaño, he hecho cálculos. El tiempo y esfuerzo que habría que dedicarle para que el oficio de escritora me fuera rentable es el de una jornada laboral completa, distribuida en una parte para escribir (para sacar una media de tres o cuatro libros al año) y una parte para promocionar los libros. Dedicándole menos de treinta horas semanales, el beneficio obtenido de la actividad no compensa las horas echadas.

El problema es que dedicarle más de treinta horas semanales implicaría una de estas dos opciones:

A) Tendría que dejar mi trabajo actual, que me gusta, además de ser una fuente de ingresos estable.
B) Además de trabajar, tendría que dedicar el resto de mi tiempo libre a la tarea de escribir y promocionar mis obras. Y no tendría vida, básicamente.

Eligiera A o eligiera B, sé lo que pasaría: que acabaría harta de mis libros. Por no hablar de que, al estar obligada a sacar un mínimo de novelas al año para sobrevivir, mi creatividad acabaría por agotarse y es de esperar que los niveles de calidad caerían. Pero eso es lo de menos, porque la perspectiva de acabar odiando una de las actividades que me dan mayor placer, junto a la lectura, es odiosa. Así que queda descartado dedicarle más de treinta horas semanales.

Así que bueno, me decanto por la opción de dedicarle menos y tomármelo como una afición más. Eso implica que distribuyo el tiempo entre mis distintos hobbies, así que, al final, quedan unas 5-10 horas para mis libros, según la semana. De esas horas, hay que distribuirlas en escribir y en promocionar. Francamente, lo que me apetece es escribir, y, de todas formas, si no escribo, no hay producto que promocionar. Así pues, más de dos tercios de ese tiempo como mínimo tienen que ir a la escritura, lo que deja poco espacio para la promoción.

El boca-oído hace el trabajo por mí

Las recomendaciones entre lectores siempre han sido mi mejor arma. Y es que mis novelas, incluso las que llevan más de cinco años en el mercado, se siguen vendiendo gracias a las recomendaciones lectoras. Y muchos, cuando se leen uno de mis libros, acaban leyendo todos los demás porque les gusta cómo escribo. Así que prefiero dedicar mi tiempo y mis esfuerzos a mantener los niveles de calidad que tanto valoran mis lectores, para que sigan recomendándome, y en interactuar con ellos para saber cómo puedo mejorar en las próximas obras.

La visibilidad despierta odios y envidias. Y en el mundo literario es lo que predomina.

Es triste, pero es así. En los (afortunadamente pocos) meses que estuve en paro y pude dedicarle más tiempo a la promoción de mis libros, unos cuantos envidiosos se metieron en mi camino. No me gusta entrar al trapo, y normalmente sus maliciosos comentarios los corto rápido con una réplica mordaz que les deja sin ánimos de seguir metiéndose conmigo. Pero en general me gusta mantener un perfil bajo y ahorrarme las tonterías de ciertos personajillos envidiosos.

En cualquier caso, cada día estoy más desencantada con el mundo literario. En vez de intentar colaborar y ayudarnos unos a otros, me encuentro con puñaladas traperas a cada paso, con odios e inquinas, con malos rollos… Yo siempre he intentado ayudar a mis compañeros, pero, en compensación, solo he recibido indiferencia (¿tan difícil es agradecer que te echen un cable?) o, peor aún, ataques… Simplemente estoy harta, así que he cortado por lo sano. Además, si no dedico tiempo a promocionar mis libros, ¡tanto menos a ayudar a los demás a promocionar los suyos para recibir a cambio malos rollos!

Ese “corto por lo sano” implica que me he descolgado del mundo literario, que ya no estoy en el centro, sino en la orilla. Vamos, que entro en el agua cuando me apetece y, si noto que está fría, me salgo. Se acabaron también los años de nadar a contracorriente. Así soy más feliz. Eso sí, si entro en el agua y hay una corriente cálida y confortable de lectores agradecidos, me dejo llevar con ella y disfruto del baño ^^.

 

Un comentario Agrega el tuyo

  1. Menchu dice:

    ¡Hola! Acabo de leer tu artículo y estoy en total acuerdo contigo.

    Me gusta

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