¿Qué hace perfecto a un libro?

Leo y valoro muchos libros a lo largo del año. Pero muy pocos llegan a tener cinco estrellas, y hasta a esos a veces les saco algún fallo. Para mí, hay una gran cantidad de factores a tener en cuenta para llegar al libro perfecto. Si lees mis reseñas, te habrás dado cuenta de qué es lo que más valoro (la ortografía, lo primero), aunque hay muchos matices y necesito que tanto la forma (cómo está escrito) como el contenido (argumento…) estén de la mano.

Una carencia en uno de los aspectos puede afectar a la percepción del otro. Me encuentro muchos libros que tienen un argumento maravilloso, pero que por su forma de desarrollarse nos obligan a dejar el libro o a leerlo de mala gana. También puede darse el caso contrario. Una narración maravillosa, desvirtuada por una historia floja o no del todo interesante.

De esas dos carencias, la forma me parece, con mucho, más importante que el contenido. Si debo elegir entre una narrativa deficiente (o con la cual no me identifico) pero con un argumento estupendo y una narrativa brillante (o que logre engancharme al libro) con un argumento que no sea nada del otro mundo, me quedo con lo último.

Pero hablemos elemento a elemento de la forma…

El narrador

Cada historia tiene su narrador perfecto, otra cosa es que el autor sepa elegir el adecuado.

Hay varios grados de omnisciencia: desde los que te cuentan la historia y algún detalle hasta los que conocen cada detalle de lo que ocurre y los pensamientos más íntimos de todos. Pasarse con los detalles puede hacer la historia predecible, pero no llegar puede hacer que el lector se pierda cosas importantes.

La primera persona, por otro lado, es más confiable e íntima. Al no haber omnisciencia, da más juego cuando hay sorpresas, y también podemos encontrarnos con que el narrador es engañoso. Pero la primera persona es peligrosa: si está narrada en pasado, dar demasiada información le quita credibilidad (¿o acaso el narrador tiene memoria fotográfica?). Si está en presente, el exceso de sentimientos resulta cargante. Y, si te cae mal el personaje que lo narra, se estropea el disfrute de toda la historia.

Por último, tenemos en muy escasas ocasiones la segunda persona. Aún más peligroso que la primera persona, no suele gustarme y prefiero que dure poco. Si se usa para dirigirse al lector, el exceso también puede resultar cargante, salvo casos excepcionales.

El estilo y el lenguaje

Esto es muy personal y depende de cada cual. Yo prefiero un estilo directo, sin paja. Me cuesta engancharme cuando es más indirecto o da demasiadas vueltas sobre lo mismo.

En cuanto al lenguaje, también tiene que encajar con el tipo de historia y con el narrador. Pero, además, en los diálogos y en el caso de la primera persona, tiene que engajar con el personaje que toma la palabra. Por ejemplo, una adolescente de clase baja no es creíble que hable con un lenguaje culto, aunque el narrador de la historia sí que puede hablar con ese tipo de lenguaje.

Una buena proporción entre diálogos y texto también es importante. Mucho diálogo parece teatro, a veces no sabes claramente quién está hablando, y más si faltan incisos que ayudan a no perder el hilo y marcar las acciones de los personajes. Por otro lado, mucho texto cansa, y el diálogo ofrece un respiro.

Ritmo y estructura

Demasiado lento aburre. Demasiado rápido agobia y no deja procesar la información. Un ritmo ni rápido ni lento, pero demasiado homogéneo durante todo el texto, es aceptable pero no logra enganchar. Lo ideal es que haya picos de ritmo más rápido y pequeños descansos, pero debe haber una adecuada proporción. Y lo ideal también es que la historia vaya in crescendo; lo contrario es un desastre. El ritmo también debe tener concordancia con la historia que se debe contar y también debe ser proporcional a la extensión del libro.

En cuanto a la estructura, al final se trata de que haya un poco de orden. No necesariamente cronológico: puede jugarse con ir atrás y adelante para que el lector encaje las piezas, pero por supuesto eso tiene que tener una estructura mucho más pensada.

La estructura es imprescindible para que el lector se quede con la sensación de que las piezas del puzzle encajan, de que no hay cabos sueltos. El autor no puede limitarse a vomitar lo que se le ocurra sin orden ni concierto. Por no pensar bien las cosas, se arriesga a que aparezcan elementos nuevos en zonas donde ya deberían estar introducidos desde hace mucho, o que dichos elementos se adelanten demasiado y pierdan fuerza.

Aquí van unos cuantos elementos que me interesan y están relacionados con el ritmo y la estructura:

  • Flash backs y flash forward. Deben ser usados con moderación porque pueden ser un arma de doble filo: bien usados, intrigan al lector, pero su abuso solo logra confundir y cansar, a veces hasta interrumpen el ritmo.
  • La paja, cuanto menos mejor. Alargar una historia por alargar no beneficia en nada a dicha historia. No puedes convertir doscientas páginas en trescientas sin perjudicar al libro.
  • Las descripciones, relevantes. En literatura, cuando se presta atención a algo, es porque es importante. Las descripciones largas son aceptables mientras sean importantes o transmitan algo. Lo que sobra es que el autor describa al detalle a un personaje que no va a volver a aparecer ni será relevante, o que te cuente la forma exacta de la rama de un árbol, salvo si esa rama se va a convertir en un elemento importante para la historia.
  • Redundancias al mínimo. Recordar al lector algo cuando pasaron muchas páginas entre medias es bueno. Repetir la misma monserga una y otra vez es una invitación al desastre
  • Adiós al efecto persiana, o cuando el autor se enrolla tanto explicando una cosa detrás de otra que, cuando quieres volver a lo que generó la persiana, el lector ya se ha olvidado por la saturación de datos. La información debe dosificarse. Cuando en un párrafo te sueltan muchas fechas, la genealogía familiar y los cotilleos de medio pueblo… por muy relevantes que sean, no los retienes.
  • Tramas secundarias. Un exceso te puede distraer de la trama principal, aunque si son interesantes tiene un pase (de hecho, a veces la trama secundaria tiene más encanto que la principal) y a veces ayudan a aligerar la historia.

… y del contenido

Los personajes

No pido que huyan de los estereotipos, pero sí que esten trabajados. Necesito que los personajes tengan profundidad, lo mínimo es que estén bien definidos, sean coherentes y evolucionen.

También hay una cosa muy importante que define mucho cómo se desarrollará la historia: que los personajes se muevan por sus motivaciones o que se muevan arrastrados por las circunstancias. Aunque hay buenos libros con los dos tipos, personalmente prefiero los primeros.

La trama

  • Originalidad: que sí, que todo está inventado. Pero incluso la estructura más tradicional puede tener encanto si le añades los suficientes elementos interesantes, lo narras de forma distinta o tiene personajes atípicos. Si el autor logra darle una vuelta de tuerca a la estructura tradicional, me tiene ganada.
  • La ausencia de Deus est machina y Diabolo est machina al final del libro. Si un elemento externo soluciona todos los problemas o estropea una situación así por las buenas, me cabreo.
  • Coincidencias, con moderación: una coincidencia que mete en apuros al protagonista es buena. La que saca de apuros al protagonista es un agujero mal remendado. Y si necesitas más de tres coincidencias para que la trama tenga sentido, mal andamos.
  • Estereotipos y clichés al mínimo
  • Agujeros y parches, jamás: no hablo solo de coincidencias, sino también de explicaciones forzadas y giros que dejan al lector desconcertado.
  • Hipertextualidad diluida: de nuevo me repito: todo está inventado y todo autor tiene influencias de lo que ha leído o escuchado previamente. Pero de ahí a que el lector reconozca de dónde ha sacado el autor cada cosa que va leyendo y la obra parezca un refrito de plagios más que algo propio…es un asco. Las influencias hay que diluirlas hasta hacerlas irreconocibles. O, mejor, las coges y les das la vuelta.
  • Tiempos y espacios bien marcados: una cosa tan tonta como no marcar los saltos temporales, viajes, o cambios de puntos de vista de personaje puede estropear la lectura.
  • Finales que acaben: Hay que cerrar bien la historia, no puedes cortarla sin más cuando no sabes cómo seguir, y menos si no hay continuación.

Y esto es, más o menos, todo. Ya veis que no es sencillo, y eso que me he dejado cosas. Para que un libro sea perfecto influyen tantos factores que por eso hay tan pocos… y por eso es tan maravilloso toparse con uno nuevo.

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