Parece mentira la cantidad de tiempo que se pierde en los huecos muertos. Son esos momentos de desplazamiento de un lugar a otro, los ratos en los que esperas a alguien o a que te llamen en la consulta del médico, esos minutos antes de una reunión que no son lo bastante largos como para adelantar trabajo, ese tiempo en el que el queso está gratinándose en el horno y queda muy poco para poder sacarlo y comer.
Normalmente, hoy en día, lo que hacemos en esos huecos muertos es ponernos a mirar al infinito o sacar el móvil y consultar las redes sociales. Yo te propongo que busques pequeñas tareas para llenarlos o, si el rato muerto es lo bastante largo, vayas preparado para afrontarlo.
Con los ratos muertos largos es fácil. Por ejemplo, tengo un amigo que siempre llega diez minutos tarde a los sitios. La mayor parte de los vídeos de Gestión del tiempo sin perder el tiempo los grabé, precisamente, mientras le esperaba en distintos lugares (o en aeropuertos, mientras esperaba a que el resto de viajeros de mi grupo recogieran su maleta, ya que yo llevo siempre equipaje de mano).
O, en la hora de la comida, una vez que has acabado de comer, sobre todo si estás en casa, hay un maravilloso hueco muerto que mucha gente aprovecha para lavar los platos, ducharse o incluso echarse una siestecita corta. Yo lo aprovecho para mi partida de ajedrez diaria o para avanzar con mis lecturas.
En los desplazamientos, también, puedes aprovechar para escuchar podcast, cursos o audiolibros (especialmente si vas conduciendo), o para leer. De los más o menos 150 libros que leo al año, más de 70 los leo sin duda en el transporte público. Por eso mi bolso siempre es grande: porque voy cargada con el libro a todas partes.
Luego están los huecos muertos más cortos, donde puedes realizar pequeñas tareas. ¿A qué me refiero con pequeñas tareas? A las típicas cosillas que no llevan demasiado tiempo, pero que tarde o temprano tendrás que hacer. Con estas siempre hay dos opciones: acumularlas para quitártelas todas de golpe de una sentada o ir realizándolas en los ratos muertos.
Algunos ejemplos de esas pequeñas tareas son organizar las carpetas de tu ordenador o correo electrónico, las pequeñas tareas burocráticas del trabajo, la programación o elaboración de contenidos, tareas de limpieza (divide lo que tienes que limpiar por secciones y, en cada rato muerto, vete limpiando una sección)…
La lista de huecos muertos, y de cosas que puedes hacer para llenarlos de forma productiva, es de lo más larga, así que te animo a que reflexiones sobre cuáles son esos momentos y cómo llenarlos de la mejor manera. Y es que, cuando más cosas de este tipo te quites de en medio, más tiempo tendrás después para dedicarlo a lo que de verdad te apetece hacer.
