Esta es una entrada de aviso, que tiene que ver con algo que me pasó y que les ocurre a demasiados autores. Como sé que muchos de los que me leen son escritores, no quiero que les pase lo mismo.
Hace unos años, cuando todavía era prácticamente una adolescente inocente, mandé La búsqueda de Khalawest (a día de hoy todavía inédito) a varias editoriales y (¡sorpresa!) recibí una carta de una editorial pequeña que quería publicarme. Evidentemente, antes de enviar mis propuestas editoriales hice una investigación en la agencia de ISBN y en las grandes librerías, y no había visto nada raro.
Bueno, el caso es que fui y lo que me dijeron me convenció: distribuían a Casa del libro y El corte inglés, se encargaban de las correcciones como cualquier otra editorial, podían ir a la Feria del libro (así fue como les encontré) y se encargaban de ayudarte a promocionar el libro con carteles, presentaciones… Vamos, lo que suele hacer una editorial.
Pues me dijeron que la primera tirada sería de 150 ejemplares, que se venderían a 10€ y se recuperarían costes al vender 115. Por derechos de autor yo cobraría 350€. Hasta ahí perfecto, ¿verdad? La única cosa, me dicen, es que tendría que poner un aval de 300€ «por si me echaba atrás», pero que recuperaría después. Me pareció lógico, porque eran una editorial pequeña, y 300€ no es arriesgar mucho dinero.
Bueno, el caso es que estaba preparando la documentación para mandarles (estaba a punto de hacerlo) cuando llegó el contrato (¡yupi!) pero por desgracia para ellos yo leo las cosas antes de firmarlas. Según el contrato (¡sorpresa!) yo tenía que cubrir todos los costes de impresión (nada menos que 1200 €) y solo recuperaría un 30% del precio de venta, (con lo que yo pondría 1200 y recuperaría 450), cosa que no tenía nada que ver con lo que me dijeron en el principio. Para colmo, el contrato parecía redactado por un chaval de la ESO y era un cúmulo de ambigüedades.
Por supuesto, concerté una segunda cita con ellos para que se explicaran (y esta vez me presenté con mi padre, aunque él no abrió la boca: era solo para que me hablaran con claridad). Pues bien, me dicen que lo del 30% era sólo si lo distribuían a El corte inglés y la Casa del libro: si yo vendía los libros a mi entorno, no habría pérdidas. (Ejem, alguien quiere publicar un libro para que lo compren familiares y amigos y encima tiene que costear todo, se autoedita y punto). Eso sí, el ISBN es de editorial, no de autoedición, lo cual sería una ventaja, según ellos.
Incluso en aquellos tiempos en que no había dado el salto a la autopublicación, si yo no hubiera confiado en que una editorial con ISBN de editorial me fuera a publicar el libro arriesgando su dinero, y no el mío, no lo habría mandado. El hombre empezó a irse por las ramas, e intentó liarme diciendo que yo no tenía que pagar nada cuando el contrato decía lo contrario, y luego diciendo que sí, que tenía que pagar pero solo si no se vendía en 60 días… Al final, al ver que no colaba, me acabó diciendo que tenía que pensarlo bien y que era algo para «capricho». En fin, que nada más salir le dije a mi padre: «yo no publico con estos» a la vez que él me decía «no te conviene publicar con estos»
Bueno, pues eso es lo que me pasó. La conclusión: un día deprimida, una semana rabiosa, dos días diciendo a mis familiares y amigos que al final el libro que se iba a publicar ya no se publicaba y un montón de tiempo perdido en ir y venir a la editorial.
MORALEJA: ¡LEED LOS CONTRATOS EDITORIALES ANTES O PODÉIS PERDER MUCHO!
