El proceso creativo de cada escritor es tan único como las historias que cuenta, pero como siempre hay quienes intentan meterlos en un cajón. A grandes rasgos, se clasifica a los escritores en dos categorías principales: los de brújula y los de mapa.

Los escritores de brújula tienen una idea general de hacia dónde quieren ir, pero prefieren descubrir el camino a medida que escriben. Así, la historia evoluciona de forma orgánica y, si ocurre algo que sorprende incluso al propio escritor, este se adapta al giro inesperado.

Los escritores de mapa, por el contrario, son más estructurados. Antes siquiera de empezar a escribir, suelen crear esquemas detallados de la trama, los personajes y los eventos clave, por lo que son más rígidos y, si hay alguna sorpresa, es para el lector, no para ellos.

¿Qué clase de escritora soy?

La verdad es que yo soy un poco más compleja, viro a uno u otro estilo en función de mis necesidades. He hecho todo tipo de cursos de escritura, así que he tenido oportunidad de probar todo tipo de formas de escribir igual que he experimentado con los géneros y estilos.

Hablando con la escritora Violeta Lago, nos dimos cuenta de que llevábamos tan al extremo lo de la brújula que casi habíamos creado otra categoría: la de mochileras. Y es que los escritores de brújula tienen una idea de a dónde quieren llegar, pero yo por lo general iba a donde me llevara la historia, sin ningún plan. Así sigue siendo sobre todo con los relatos y con la mayoría de mis historias de fantasía, como Viajera interdimensional o las novelas de Incursores.

Sin embargo, cuando escribí mis novelas románticas, no me quedó más remedio que virar al estilo brújula. Las novelas románticas tienen una regla inamovible: deben acabar bien. Así que, cuando escribí Los tres ángeles, sabía más o menos qué rumbo llevar, aunque a veces me perdiera por el camino si ocurría algo interesante.

Lo de ir de brújula o de mochileo es también algo que hago cuando escribo la primera vez, sin embargo. Yo soy muy de reescribir, y cuando reescribo ya monto una estructura y empiezo a mover, añadir y eliminar en base a dicha estructura.

Ahora que estoy escribiendo una novela histórica, además, no me ha quedado más remedio que convertirme en una escritora de mapa. Es lo que tiene basarte en un personaje real, que hay un camino claro de las cosas que hizo y personalidades muy definidas. Reconozco que me cuesta porque no estoy acostumbrada a trabajar así, pero esa es parte de la gracia y del reto del proyecto, aparte de la ingente documentación.

Vamos, que si alguien me pregunta por qué tipo de escritora soy a estas alturas, no tengo más remedio que decir: soy de todos y de ninguno. De una escritora que ha tanteado prácticamente todos los géneros y estilos literarios, ¿qué podíais esperar?

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