Es inevitable, estamos rodeados de cometiempos. Y con cometiempos no me refiero solo a las redes sociales, a los vídeos que vas pasando sin detenerte o a ese juego tonto que no vale para nada, sino a cualquier cosa que no te aporte y que no te haga feliz, o que simplemente te haga perder el tiempo sin venir a cuento.
El primer paso para evitar los cometiempos es detectarlos. Para ello, es importante que seas consciente de cómo pasas tu tiempo. Puedes llevar un registro de tus actividades durante un día o una semana para ver cuáles son. Si eres consciente del valor de tu tiempo, detectarás rápido cuáles son las actividades en las que lo has desperdiciado.
Entonces es cuando debes tomar el control y decidir si eliminarlos, sustituirlos o ponerles límites. Por ejemplo, yo eliminé por completo algunas actividades, como leer y comentar absolutamente todos los contenidos de algunos colegas blogueros. Ahora, solo leo lo que me parece interesante y solo comento cuando tengo algo que decir, no para hacer acto de presencia. He dejado de perder horas y horas.
También sustituí, para cuando me apetece distraerme un poco, los juegos de puzzles que no me aportaban nada, y en los que te puedes tirar horas sin darte cuenta, por otros que permiten un aprendizaje (de idiomas, de programación…) o que estimulan mi mente (como el ajedrez) y que tienen retos y pruebas con duraciones muy concretas.
Otra posibilidad es optar por limitar ciertas actividades: si pasas mucho tiempo muerto en redes sociales, pero no quieres dejarlas por completo para no perder el contacto y estar al tanto de lo más importante, puedes imponerte un máximo de minutos diario y una alarma para cumplirlo: así irás a lo que te interesa y no te limitarás a seguir con el scroll infinito sin que luego recuerdes siquiera lo que has visto.
En definitiva, es imprescindible detectar los cometiempos y eliminarlos, limitarlos o sustituirlos por otras actividades que sean más sanas y aporten. No olvides que tu tiempo es lo más valioso: no es buen plan tirarlo en actividades sin valor.
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