Empecemos por el principio: la creatividad se aprende, no viene con nosotros de serie. Cualquiera puede ser un genio en cualquier materia si le dedica suficiente tiempo y, por mucho talento que tengas en un principio, nunca llegarás a nada si no lo cultivas.

No obstante, sí que hay consenso entre los que tenemos trabajos o aficiones creativos sobre un componente que ayuda mucho: la inspiración. No es una bombilla que se enciende. Tampoco una señora invisible vestida con ropas griegas que con un toquecito hace que todo salga solo. Pero tampoco la puedes activar sin más.

¿Qué es la inspiración, pues? Es un estado mental. Es cuando nuestra mente está predispuesta a que fluyan las ideas. Es una putada cuando te abandona. Es una maravilla cuando está contigo. Pero, ¿realmente es algo que no está en nuestras manos activar?

Picasso decía «Si llega la inspiración, que me pille trabajando«. Muchos lo interpretan como que si la inspiración llega en un mal momento puedes perder las ideas que aparecen en tu mente por no materializarlas de inmediato. Pero las buenas ideas no se van tan fácilmente de tu cabeza.

Lo que quería decir Picasso, en mi humilde opinión, es que la inspiración es el resultado del trabajo constante y la dedicación. Tiene todo el sentido. Si te esfuerzas y fijas un horario de trabajo (lo cual es imprescindible si quieres acabar cumpliendo con tus objetivos, como comento en mis libros de Gestión del Tiempo), los avances son escasos si no estás inspirado. Pero que no avances mucho sobre el papel, o sobre el lienzo, no significa que tu mente no esté trabajando en la idea.

Cuando estás trabajando, aunque mires la pantalla fijamente sin saber qué escribir, aunque escribas dos frases y borres una y media, aunque el lienzo esté vacío, tu mente está dándole vueltas. Avanzas poco, pero avanzas. Aunque lo más importante es que, si dedicas mucho tiempo a la resolución de un problema, tu mente sigue trabajando en dicho problema incluso cuando estás a otras cosas de forma subconsciente.

Qué casualidad, la inspiración no suele hacer su aparición cuando estás bajo presión, muy saturado o estresado (por eso recomiendo planificar descansos y cuidarte). Si los estás, tu mente está preocupada por problemas más acuciantes, no puede dedicar parte de su capacidad a resolver un problema creativo.

Por eso, si trabajas y eres constante, la inspiración te acaba llegando. Y te pilla trabajando. Y le has reservado un hueco. Y por fin avanzas con ese proyecto a pasos agigantados; cuando estás inspirado es como si todo saliera sólo. Pero no ha salido solo, hay mucha preparación, mucha paciencia, mucha constancia y mucho trabajo detrás.

Por eso, yo siempre dedico unas horas a la semana a la escritura. A veces, solo me documento, otras veces escribo y borro, a veces hago un relato corto en paralelo para probar alguna estructura nueva o alguna forma de escribir… pero siempre, esté más o menos inspirada, hay avances. A veces, tímidos, a veces incluso parecen retrocesos, pero al final siempre acaban beneficiándome porque el puzzle de mi mente se va resolviendo poco a poco mientras trabajo. Te lo dice alguien que ha escrito más de medio millar relatos cortos y varias novelas: si trabajas y no te rindes, al final la inspiración te pilla trabajando.

Por eso, mi recomendación es que si no aparece la inspiración trabajes duro. Lo peor que puede pasar es que llegue tarde, cuando hayas acabado (a pesar de lo cual… ¡enhorabuena! Lo has acabado). Pero lo más probable es que llegue gracias a lo que has estado trabajando y que te pille en el momento más oportuno. Convierte ese trabajo creativo en una rutina y planifícate para no abandonarlo: la inspiración acabará por acudir y, si no, aunque vayas lento, puedes pasar sin ella.

Sígueme en…

O apúntate a la newsletter y no te pierdas nada.

El método completo de gestión del tiempo…

En casa

En el trabajo

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *