Este ensayo habla de los primeros emperadores de Roma: Augusto, Tiberio, Calígula, Claudio y Nerón. Comienza con el asesinato de Julio César y vemos cómo alcanzaron cotas de poder sin precedentes en Roma.
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Solemos leer las biografías de los grandes personajes de forma individualizada. Eso tiene mucho detalle, pero pierde de vista parte del contexto. Con Roma pasa igual: en pocos años, se pasó de una República que odiaba la monarquía a un Imperio. Tenía claro que Julio César y sus predecesores habían sido ejes de ese cambio (y me dan muchas ganas de leer «Rubicón», el libro que precede a este), y que Augusto maniobró para seguir acumulando poder, pero ¿y ciertas barbaridades que se aceptaron más adelante?
En «Dinastía» podemos ver esa evolución. Los romanos, poco a poco, fueron cediendo poderes a la dinastía Julio-Claudia. Normas que eran inquebrantables para la buena reputación de los políticos se tergiversaron y deformaron de forma tan sutil que, cuando Nerón cometía excesos aberrantes, le beneficiaban a ojos de muchos.
La política romana se centraba en la imagen, en la hipocresía, en la difamación y en la defensa contra ella. Por ello, Tom Holland se esfuerza por separar chismes y propaganda de los hechos, pero teniendo en cuenta cómo los rumores influenciaban en la percepción pública.
En definitiva, da una visión global de los primeros años del Imperio y comprendemos cómo la mentalidad de un pueblo cambia poco a poco. Interesante lectura para los amantes de la historia, escrita de forma muy cercana y amena.
