Ahora que se acercan las Navidades y todos los compromisos de final de año, puede hacerse difícil gestionar tantas reuniones y celebraciones con tantos grupos diferentes.
A la hora de lidiar con el agobio de estos compromisos, debes hacerte tres preguntas:
- ¿Te va a hacer feliz, o por lo menos te apetece mucho?
- ¿Es obligatorio? Por ejemplo, las cenas de empresa a las que tienes que ir porque, si no, quedas mal; o esa comida familiar en la que, si faltas, algún familiar te hará la cruz de por vida; o cosas así.
- Y la última, pero más importante de todas: ¿es algo especial o es lo mismo de siempre pero con la excusa de la Navidad?
Si te hace feliz, bueno, intenta darle prioridad, aunque por supuesto las obligatorias no podrás saltártelas por muy poco que te apetezcan.
Pero la clave es cuando no te hace especialmente feliz, no es obligatorio y encima es lo mismo de siempre: a esos compromisos puedes renunciar sin pensártelo. Que sea lo mismo de siempre implica que habrá muchas más oportunidades de ver a esas personas en otros momentos más relajados, en los que puedas disfrutar realmente de su compañía: no te quemes innecesariamente.
Además, en una época de tanto jaleo, hay miles de excusas que podrás dar para liberar tu agenda de ese compromiso. O, si hay confianza, exprésales tu agobio y tu necesidad de disponer de ese hueco para otras cosas: quizás ellos mismos estén en la misma situación.
Nos pasó con el especial Navidad del club de lectura: cuando comenté que con tantos compromisos en la agenda me vendría bien anular la reunión, todos dijeron: «a mí también, la verdad». Es lo que tienen estas fechas, que el ajetreo es global y afecta a todos por igual: serán comprensivos.
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