A Irina no le interesaba el sexo. Simplemente no tenía el impulso, lo cual no significaba que fuera una frígida, o que fuera una lesbiana que no quería salir del armario, o que estuviera enferma, o que tuviera un trauma. Simplemente no le interesaba. Le había llevado años aceptarlo y todavía había gente de su entorno que no lo hacía. Pero hasta eso lo había asumido: en una sociedad hipersexualizada, una asexual era una anomalía. Por suerte, había encontrado a otros como ella en la asociación y ya no se sentía tan sola.

También se había creído arromántica hasta que conoció a Nacho. Un compañero que se convirtió en un buen amigo y luego en alguien mucho más importante en su vida. Pero él, que siempre había sido bastante promiscuo, había conocido y aceptado su asexualidad desde el principio. Por eso, no la veía como una pareja potencial y ella no se atrevía a decirle nada por miedo a que él se sintiera engañado, o a que las cosas entre ambos se estropearan sin remedio.

Cuando empezó a dejar de salir con una mujer cada noche y se quedó con una que pareció haberle robado el corazón, a Irina le dolió mucho. Tanto, que decidió distanciarse de Nacho. Pero él hizo algo que no esperaba: dejar a su pareja, porque pensaba que prefería perderla a ella antes que a su mejor amiga. Cuando le comunicó la noticia, Irina pensó que siempre sería lo mismo, que no podía permitir que él renunciara al amor para evitar perderla. Así que se echó a llorar y le confesó sus sentimientos.

—Así que ya ves —finalizó—, resulta que me he enamorado de ti, a pesar de todo. Pero no voy a permitir que dejes a las mujeres que quieres solo porque a mí me duela, tendré que vivir con…

Nacho puso un dedo sobre su boca para que callara.

—A la única mujer que quiero es a ti. Incluso cuando pensaba que no me querías de esa forma, todas las demás han sido pobres sustitutas.

Por primera vez en su vida, Irina sintió el impulso de besar con pasión, sin hacer nada por contenerlo. Y así, con ese beso, sellaron el final de su amistad y el inicio de una relación tan atípica como feliz que dura hasta nuestros días.

Sígueme en…

O apúntate a la newsletter y no te pierdas nada.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *