Ángela no podía dejar de mirar a Sam, el pedazo de hombre que tenía enfrente. Su contacto, cuando le dio la mano, la había cautivado aún más, si cabe, que la visión de su perfecto trasero cuando entraban al local. Le lanzó su mirada más coqueta mientras mantenía el apretón todo el tiempo que podía y presentó a sus amigas sin llegar a quitarle los ojos de encima, no fuera que esa visión del cielo desapareciera de repente.
Nada más acabar las presentaciones, observó por el rabillo del ojo cómo su amiga Carla se marchaba a bailar con el tal Max y empezó a contonearse al ritmo de la música, incitando a Sam y llevándole hasta el límite, a juzgar por la dureza que advirtió en su entrepierna.
Incapaz de aguantar más (ya se sentía mojada y era evidente que él también estaba impaciente), le cogió de la mano y le condujo hacia los lavabos de mujeres, que, por obra de algún dios benevolente, estaban vacíos.
En cuanto se cerró la puerta, le empujó contra ella y le besó mientras metía las manos bajo su camisa y exploraba con sus manos el musculoso torso, que parecía esculpido en mármol. Podía sentir los músculos de Sam tensarse mientras le acariciaba, haciéndole emitir unos leves jadeos muy sexys, se aumentaron su intensidad cuando hundió la nariz en su corto pelo, aspirando su perfume.
Disfrutaba de su posición dominante, cosa que a Sam de momento no parecía importarle, así que siguió acariciando la espalda, tensa y musculosa, bajando lentamente hasta su adorable trasero a la par que él abría su sujetador con habilidad y liberaba sus pechos, que empezó a acariciar con suavidad, haciéndola enloquecer.
Finalmente, alcanzó el bulto de sus pantalones y lo liberó con torpeza, ya que estaba tan hinchado que le costó desabrocharlos. En el momento en que empezó a acariciar su pene (el más grande y duro que había visto nunca) Sam pareció enloquecer por completo.
La alzó con facilidad, la sentó sobre los lavabos y le quitó las bragas de un tirón, bajó la cabeza hacia la húmeda abertura y la atormentó con su lengua hasta que estuvo al borde del orgasmo, momento en el cual se incorporó con gracilidad y se hundió en ella hasta llenarla por completo.
El orgasmo fue tan intenso que se mordió la lengua hasta sangrar y Sam se apoderó de su boca, absorbiéndola por completo mientras la embestía a un ritmo cada vez más frenético hasta que ambos se liberaron al unísono.
No separaron sus bocas ni pararon de acariciarse durante un rato, hasta que empezaron a escuchar fuertes golpes en la puerta. Arreglándose un poco el desastre en que se habían convertido sus vestimentas, aún jadeantes, se miraron largamente, con los restos del deseo en sus miradas, y finalmente Sam, tras acercar su nariz a su cuello y besar suavemente el punto donde más se notaban sus aceleradas pulsaciones, susurró a su oído antes de desbloquear la puerta y perderse entre la gente:
—Eres deliciosa.
Este es el relato que hice para el Konkurso Kaliente de relatos eróticos de Dulce Cautiva en julio de 2011. Era la primera vez que escribía un relato erótico, no quedó mal ^^.
Creo recordar que tenías que tomar los personajes o la ambientación de una de las historias que estaba publicando, La era de los vampiros (el tal Sam era uno de ellos), y tomé una escena en la que los dos se iban juntos al baño, sin desarrollarse. A Dulce le gustó y me pidió incorporarla a su historia, aunque no sé si llegó a hacerlo.
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