El bandido volvió a su casa de nuevo con sus manos vacías. Le esperaba su mujer con los brazos en jarras.
—¿Otra vez sin nada? —preguntó agitando un cucharón.
—¿Y qué quieres que haga, si nadie pasa por ahí? —se quejó el criminal.
—¿Cómo que no pasa nadie, so zoquete, si yo he pasado por allí y me he cruzado con dos carruajes esta misma mañana?
—¡Mentirosa! ¡Nadie pasa por el camino del bosque!
Una terrible colleja le dejó ciego por un momento.
—¡Serás zoquete, pedazo de inútil! ¿Quién va a querer ir por ese camino oscuro e incómodo cuando hay una carretera bien asfaltada a un kilómetro! ¡Ya estás yendo mañana a la carretera a limpiar bolsas!
—¡Mi territorio es el camino del bosque, mujer!
Una lluvia de insultos y cucharazos se cernió sobre el criminal. Al día siguiente, se encontró esperando a sus víctimas en la carretera bajo la vigilante mirada de su furibunda esposa.
Sígueme en…
O apúntate a la newsletter y no te pierdas nada.
Escribí este relato en mayo de 2011 directamente para publicarlo en el blog
