Jaimito quería que la gente le hiciera caso y escaquearse de sus tareas, así que buscó una forma de conseguir ambas cosas. La idea que se le ocurrió era muy práctica. Acaparó comida para varios días, llenó un botijo de agua y se metió por un recoveco que solo él conocía y que daba a unas cuevas muy acogedoras. Unos días después, cuando se le acabaron las provisiones, salió por el mismo agujero y volvió proclamando que unos alienígenas le habían secuestrado mientras paseaba por el campo de flores.

Las cosas no salieron como él esperaba. Su padre había notado la falta de provisiones y todo el mundo sabía que se había escapado de casa. Por eso, nadie se creyó su historia y encima se llevó un buen castigo

Sus vecinos, no obstante, desaparecieron al día siguiente, sin dejar rastro. Era una familia entera y siempre se habían comportado con total normalidad, así que eso sí que generó una oleada de especulaciones. Nadie podía imaginar que ellos, alienígenas huidos de su planeta de origen, tampoco habían acabado de creerse la historieta de Jaimito… pero habían decidido marcharse para esconderse en otro lugar, por si las moscas.

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