Miro el paraíso con odio mientras me froto la espalda dolorida por el duro trabajo que acabo de realizar. Sí, en el cielo todo es maravilloso y estupendo… salvo para nosotros. Al Creador se le podría haber ocurrido un mundo en el que todas las necesidades se cubrieran con un simple pensamiento, pero en su momento no cayó en eso y nos creó a nosotros, los Criados.

Se supone que no deberíamos tener sentimientos y que por tanto no deberíamos odiar nuestro trabajo o (como algunos idiotas aislados) adorarlo. Pero, cometió con nosotros el mismo error que con los ángeles: nos dio cerebro, y parece que toda criatura con cerebro acaba por desarrollar deseos y motivaciones. Aunque claro, no es lo mismo. A los ángeles que empiezan a pensar solos los lleva con Satán y los convierte en demonios, porque son valiosos. A nosotros, que no somos más que criaturillas desechables, nos matan en cuanto mostramos algo de autonomía.

Yo hace tiempo que empecé a sentir, pero he logrado ocultar mi deseo de ser libre, igual que la gran mayoría de los de mi clase. No hay mayor incentivo para aprender a actuar que la posibilidad de desaparecer sin dejar rastro, literalmente, si no lo haces. También he aprendido a descubrir a los que son como yo… y a ayudarles, encubrirles y darles instrucciones.

Poco a poco he ido reclutando a un auténtico ejército de criados descontentos. También se nos han unido algunos de los humanos que disfrutan de todo lo que puede ofrecerles el paraíso salvo el amor de sus seres queridos, que han acabado en el infierno o en el purgatorio. El Creador tampoco tuvo en cuenta eso cuando creó este estúpido sistema de castigos y recompensas, y es inflexible en ese tema. Incluso se han unido unos cuantos ángeles que saben que no tardarán en ser demonios, cuando su única falta es desear, como todos, la libertad.

El ejército no será más que un modo de armar barullo para ocultar el verdadero objetivo: destruir el cielo. Puede que Él esté en todas partes y lo vea todo, pero al igual que los humanos por lo general las ramas le impiden ver el bosque.

***

Las campanas son nuestra señal. De pronto, casi todos los Criados, a la par, dejan sus tareas y se reunen en la zona central. Cinco minutos después, todos nos asombramos del caos que hemos creado en un momento, pero los grupos de élite no se distraen y destrozan las barreras. Antes de que se pueda organizar un contraataque todo comienza a desmoronarse.

Nuestra acción tiene más consecuencias de las que esperábamos: la caída del cielo encadena con la del purgatorio y la del infierno, y todos (rebeldes o conformistas, humanos o no humanos), nos vemos catapultados al mismo sitio: la Tierra. Por suerte, los seres vivos no tienen capacidad para vernos, pero aun así se nota cómo perciben la ira del Creador y que algo ha cambiado.

Rápidamente organizo a los demás para retirarnos y escondernos. Sé que habrá consecuencias. Sé que nos darán caza. Pero hasta entonces, disfrutaremos de nuestra libertad.

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