—Veréis niños. Santa Claus no es en realidad tan bueno como vosotros pensáis, y es por eso por lo que nosotros no celebramos la Navidad. Ese viejecito que parece tan adorable en los anuncios es en realidad un siervo del diablo que oculta bajo su gorro de Navidad unos horribles cuernos de demonio. ¿Acaso no os habéis preguntado por qué no se quema nunca cuando entra por una chimenea? ¡Porque vive en el fuego del infierno durante trescientos sesenta y cuatro días al año!
»Para que lo sepáis, cuando una pareja tiene hijos, a los tres días aparece ese monstruo y le ofrece regalos durante toda la infancia de sus muchachos. A cambio sólo quiere una cosa: la servidumbre de los padres durante un año, para ayudarle a repartir los regalos, una vez que ellos mueran.
»Si el niño recibe más regalos que los otros, es porque sus padres han hecho un trato preferente y han duplicado, o incluso triplicado, sus años de servicio, todo sea por sus mocosos. ¡Lo que no saben es que, al trabajar solo un día al año, los pobres incautos que decidan cerrar el acuerdo básico tienen que pasar trescientos sesenta y cinco años al servicio de Santa Claus, y los que hacen el trato preferente ya ni os cuento!
»A nosotros, cuando se nos apareció, el acuerdo nos olió a chamusquina y, después de consultar a un chamán, nos dimos cuenta de la suerte que habíamos tenido al rechazar esa oferta. Aun así, ese odioso demonio no quiere dejar escapar una presa y todos los años intenta de algún modo entrar en nuestras vidas y sellar así el trato por la fuerza.
»Por eso no os dejamos ir a pedirle nada a su emisario en los grandes almacenes, ni decorar la casa, ni compraros golosinas de Navidad ni disfrazaros de esa odiosa bestia durante las funciones del colegio. Y por eso no recibís ningún regalo ese día tan fatídico que es el veinticinco de diciembre, en el que tantos padres condenan su alma. Qué pena que el día del nacimiento de Cristo haya sido invadido por tan malévola criatura. No, no os lo permitiremos. Ese monstruo nunca se llevará nuestras almas ni os comprará con regalos.
Papá acabó su discurso de todos los años y Mamá asintió con vigor con la cabeza.
—¿Y los Reyes Magos? —pregunta Lily, la pequeña de la casa mientras se lleva otro trozo de roscón a la boca.
—Ellos son del ejército del cielo, tesoro. Hicieron regalos a Nuestro Señor y ahora hacen lo posible porque los padres les elijan a ellos, que no ofrecen trato ninguno, en vez de a Santa Claus. No obstante, tienen poco éxito, porque sus regalos son más humildes y porque ese Santa Claus ha conseguido estar presente en todos los medios de comunicación y convertirse en el símbolo de estas fechas. Pero bueno ¡qué tarde es! A la cama todos, que ya deberíais estar durmiendo con los ángeles.
***
—Hay que ver lo que son capaces de inventarse Papá y Mamá con tal de no comprarnos los regalos. Con decir que somos pobres y que no llega el dinero para comprarnos los regalos de Papá Noel sería suficiente —dijo Tommy, el hermano mayor, a sus hermanos cuando se apagaron las luces.
—¿Pero qué dices, Tommy? ¿Por qué iban Papá y Mamá a comprarnos los regalos?
—Venga ya, Lily. Crece un poco. Santa Claus y los Reyes Magos son los padres, todos los niños mayores lo sabemos.
—¡Eso es mentira!
—Tú misma. Créete lo que quieras. Yo me voy a dormir, no sé por qué pero hoy tengo muchísimo sueño.
***
Una hora después, Mamá se asomó a la habitación de sus hijos y comprobó que los somníferos habían hecho su efecto. No quería que se despertaran durante la noche, porque podían correr peligro. Tapó las cortinas y bajó las persianas, asegurando con amuletos todos los accesos a la casa.
Cuando llegó al salón, Papá la estaba esperando y le entregó una ballesta cargada con una saeta afilada. Hacía tres años que Santa Claus había decidido mandar a sus siervos para que entraran a la casa y dejaran los regalos allí por la fuerza. Desde entonces, todas las Navidades Mamá y Papá luchaban durante la Nochebuena contra los espíritus esclavizados de los padres que habían vendido su alma y ahora estaban muertos. Esas criaturas, por suerte, asumían forma corpórea ese día y solo hacía falta atravesarles el corazón o lanzarles agua bendita para que disolvieran hasta el año siguiente.
Se empezaron a escuchar ruidos en el tejado y los dos se miraron y se dieron un beso. Ya estaban aquí.
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Este es el proyecto de diciembre 2011 de Adictos a la escritura, en el que había que versionar la Navidad. Hice una versión muy macarra, espero que os guste.
