Le encantaba estar en ese mundo. Un mundo repleto de tecnología, sin magia, donde solo había una especie inteligente: los humanos. Allí era feliz, tenía un trabajo aburrido, monótono y predecible.
Pero, aunque parecían muy reales, eran solo sueños y al amanecer, cuando despertaba y veía los dragones en el cielo y las hadas en los jardines, llegaba el desengaño. Seguía en ese mundo lleno de magia, donde cada día era impredecible y todo tipo de criaturas estrafalarias amenazaba con volverle loco.
Estaba convencido de que ese mundo con el que soñaba existía de verdad, pero los elfos, que controlaban los portales, le habían dicho que no podía acceder a él. No les creía. Así que solo había una solución: aliarse con las fuerzas del mal, exterminar a los elfos y buscar la forma de atravesar los portales para empezar una nueva vida.
Pero si era verdad que no podía acceder al mundo de sus sueños… Bueno, siempre podía asegurarse de acabar con todo lo mágico para que el futuro de su propio mundo se encaminara en la dirección correcta.
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Escribí este relato en octubre de 2019 dentro de un reto de escritura en el que hacía relatos con las palabras que me facilitaban los lectores. Las de ese mes fueron: Amanecer, Desengaño y Sueños.
