El actor tenía fama de truhan, cosa que no le importó gran cosa hasta que se enamoró. La mujer de sus anhelos era muy tranquila, tímida y dulce, así que pensó mucho cómo conquistarla y concibió un plan de acción: tenía que cambiar su imagen para agradarla más.

Poco a poco dejó sus bufonadas a un lado y comenzó a aceptar los papeles más melifluos que encontraba, con la esperanza de que se le pegara algo de sus actuaciones en el día a día. No obstante, sus esfuerzos eran en vano y se sintió cada vez más infeliz con su nueva forma de comportarse, hasta que se sentó a reflexionar y llegó a una conclusión: 

—Yo soy como soy. Si no le gusto así, tal vez no es la mujer de mi vida.

Desde ese momento, volvió a comportarse como siempre y, para su sorpresa, ella pareció dar muestras de sentirse interesada por él, cosa que le animó a declararse por fin. 

Unos meses después, cuando ya llevaban varias citas a sus espaldas, su enamorada le confesó que se había sentido atraída por su forma de ser desde el principio, pero que, cuando cambió tan de repente, se había comenzado a replantear sus sentimientos.

Él rió y le contó el motivo de su cambio de personalidad, con lo que se ganó un largo y apasionado beso.

—Nunca vuelvas a intentar ser quién no eres, ni por mí, ni por nadie, mi truhan.

—Eso puedo prometértelo —respondió él, tras lo cual selló sus palabras con un nuevo beso.

Sígueme en…

O apúntate a la newsletter y no te pierdas nada.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *