Le miro.

Me devuelve la mirada. Sonreímos. Se acerca. Hablamos. Empezamos a salir. Nos acostamos. Vivimos juntos. Nos casamos. Tenemos hijos. Compramos una casa más grande. La rutina nos invade. Envejecemos juntos. Morimos.

Agito la cabeza, dándome cuenta de que me he quedado empanada mirándole. Menos mal que ni se ha dado cuenta. ¿Qué demonios me pasa? ¿Yo, fantaseando, a mi edad? ¿Con una boda, niños y una casa grande con jardín, porche y vistas al mar? ¡Si yo nunca he querido casarme, ni tener hijos, y me encanta mi pequeño apartamento en pleno centro de la ciudad!  

¿Por qué me ha dado por fantasear ahora? A no ser… A no ser que no sea una fantasía. Todas las mujeres de mi familia dicen que cuando encontraron a su príncipe azul lo supieron de inmediato, porque todo su futuro pasó ante sus ojos. ¿Y si es que acabo de encontrarle?

Por si acaso, cuando alza los ojos bajo los míos rápidamente, sin sonreír. Quizás soy una cobarde y tengo miedo de cambiar mi vida. Pero yo creo que a estas alturas una no necesita un príncipe azul que le de un anillo, niños y una casa inmensa. Hasta que ese convencimiento se desmorona al acercarse él y hablarme. Entonces me doy cuenta de que quizás ese futuro que he visto no es tan malo… si estoy con él.

Sígueme en…

O apúntate a la newsletter y no te pierdas nada.

48 trozos de fantasía y ciencia ficción

70 trozos variados
42 trozos de amor y pasión

68 trozos variados

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *