Él era rico, apuesto, el soltero de oro. Todas las damas pretendían cazarlo con mil argucias. Ella era del montón, poca cosa. No obstante, por alguna secreta razón del destino, trabaron amistad, hasta que ella, loca de amor, confesó sus sentimientos
—¿Ya está?¿Eso es todo?¿Tanta tontería para esto? —dijo él enfadado. No podía creer que ella fuera como las otras, que su amistad fuera una argucia para cazarle—. Francamente, querida, esperaba algo más de ti.
Dolida y deseosa de venganza, se fue muy lejos para no volver a verle. Años después volvió. Con un nuevo aspecto y una nueva identidad, le encontró soltero. Así había permanecido porque un día rechazó a la única persona a la que había amado, a una persona a la que había buscado incansable sin éxito… Pero eso no lo sabía nadie.
Trabaron amistad, eran la pareja perfecta y él pronto quiso algo más. Esta vez, no dejaría escapar su oportunidad de ser feliz. Sin embargo…
—¿Ya está?¿Eso es todo?¿Tanta tontería para esto? —respondió ella a su propuesta de matrimonio-. Francamente, querido, esperaba algo más de ti.
El rostro de él reflejó su reconocimiento y su dolor, lo que ella había deseado durante tantos años. Era su momento, pero no pudo quedarse para disfrutarlo. No dejó escapar sus lágrimas hasta darse la vuelta y abandonar la habitación. La venganza es un plato que se sirve frío, pero a veces sabe amarga.
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Este es uno de los primeros relatos que escribí para el blog, el 14 de febrero de 2009
