El príncipe quería viajar a otros mundos y le ofreció al sabio cualquier cosa con tal de que le proporcionara los medios para hacerlo. Este, que no conocía otra forma de visitar otras realidades más allá de la imaginación, le acompañó a una biblioteca y le dijo que en los libros encontraría la puerta que haría realidad su petición.
El sabio se marchó sin darle más explicaciones y el príncipe se quedó mirando los libros, sin saber qué hacer con ellos hasta que creyó entenderlo. Los libros tenían que ser las puertas, pero eran demasiado pequeños para que una persona entrara a través de ellos. Por tanto, apiló los tomos como si fueran un portal, pero no pasó nada cuando lo cruzó. Luego dedujo que tenía que hacer algo para activarlos y darles energía, y no conocía nada más potente que el fuego.
Y así ardió el ignorante, rodeado de toda esa sabiduría ahora perdida.
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Escribí este relato allá por abril de 2012, aunque tiene retoques posteriores. Es un poco malrollero, pero la ignorancia es lo que tiene…
