¡Qué extraño viaje! Los colores se volvieron más hermosos, y comenzó a elevarse hacia las estrellas, que le recibieron amorosamente hasta que empezó a clarear. Apenas había empezado a echarlas de menos cuando los rayos del cálido sol le arrullaron, haciendo que se durmiera con sus caricias…
Cuando despertó y comenzó a recordar no pudo evitar una sonrisa. Miró la bolsa de droga. Aún quedaba la mitad de su contenido.
«Debería tirarla», se dijo sin convicción. «Esta mierda te jode la salud y la vida, solo ha sido una vez, por probar».
Pero los recuerdos de esa maravillosa noche le asediaron el resto del día, hasta que finalmente cedió a la tentación. Días después, fue en busca de otra dosis, diciéndose que un poco de vez en cuando no hace daño a nadie.
Un par de meses más tarde estaba completamente enganchado, aunque sus viajes ya no eran tan agradables. Se sentía atrapado, y la droga no le dejaba escapar.
Finalmente se rindió, triplicó la dosis y se embarcó en su último viaje.
El ejercicio de Adictos a la escritura febrero 2014 consistía en hacer un relato a partir de la primera frase de una novela, sin que el relato tenga que ver con la novela en sí. Dado que en el momento en que escribí el texto estaba leyendo Arsène Lupin, caballero ladrón, usé la primera frase del mismo que era: «¡Qué extraño viaje!» Lo que seguía tenía relación con un transatlántico, así que he cumplido con lo de que no tenga nada que ver…
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Todas las historias y personajes de este blog son ficticios. Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.
