Hace poco, salió una noticia en la que se comentaba cómo algunas personas se llevan a la playa libros de postureo para parecer inteligentes y cultas. La moda llega al extremo de que eligen libros con tapas que combinan con la ropa que llevan.

Esto se remonta muy atrás. De hecho, recuerdo que en 2011 hice un artículo horrorizada porque había leído un estudio muy loco. Este revelaba que, de los libros que la gente tiene en la estantería de sus casas, un alto porcentaje son sólo para aparentar y para parecer más inteligentes a sus invitados. Entre los títulos se encontraban maravillas como Orgullo y prejuicio, ESDLA, Sentido y sensibilidad

El estudio iba más allá, pero no llegaba al nivel de absurdo actual (fruto de la era del postureo en Instagram):

  • Había gente que cargaba con los libros «correctos» a todas partes para ser vistos con ellos.
  • Algunos que sí leían, pero no los libros «correctos», cambiaban el papel que envuelve el tomo.
  • En el top de los «placeres culpables», que son los libros que leen pero que no quieren que se relacionen con su persona, había de todo, pero sobre todo novelas románticas, lo que nos llevaría otra vez al tema de los Estereotipos de género.

Todo esto forma parte de una moda cada vez más en boga que han bautizado como performative reading. A mí me parece que, más que hacer parecer cultas a esas personas, eleva su nivel de idiotez. Es fácil pillarles con un par de preguntas sobre el supuesto libro que están leyendo, pero claro, no piensan en eso. Solo piensan en la foto y en que la mayoría de la gente tampoco ha leído esos libros, así que simplemente se limitarán a admirarles por ser unos lectores tan sesudos.

Vamos, que los libros ya no los compran solo los que los leen. También los que buscan un complemento más, como un bolso o unas gafas de sol. La moda de las ediciones especiales preciosísimas solo es un intento de las editoriales de subirse al carro de esta tendencia. No son solo para bibliófilos, sino también para que los que buscan el postureo abran sus horizontes más allá de los clásicos de siempre.

La verdad, con noticias como esta, cada vez me cuesta más entender el mundo en que vivimos. En mi casa no hay un sólo libro que no haya leído al menos un miembro de la familia (excepto los de la pila de pendientes). En el metro llevo lo que esté leyendo en ese momento, sin seleccionar para aparentar. Tampoco tengo en mi estantería los clásicos en lugar preferente para que mis visitas vean lo lista que soy. Al hilo de esto, organizo mi biblioteca según otros criterios.

Sí que he conocido a bastantes personas que seguramente se sumen a esas tendencias de postureo literario. Debo decir que, para el verdadero lector, no dan el pego. Pero bueno, supongo que para algunas personas la lectura se ha convertido en un estilo de vida del que presumir, aunque en realidad no lean, ¿y quién soy yo para juzgar? La mayoría de lo que se comparte en redes sociales es más falso que el teletienda.

¿Y tú? ¿Has conocido a alguna persona que lo haga o has sentido la tentación de llevar algún libro para aparentar?

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