Una carretera solitaria era una metáfora de mi vida. Yo misma la había elegido, aunque fuera indirectamente, pero no por ello me gustaba. Siempre me había sentido diferente a los demás, incapaz de integrarme en la autopista y no tardé en renunciar a seguir intentándolo.

Ahora por fin encontré a alguien en este desierto que es mi vida y debería sentirme dichosa. El problema es que ese alguien no sólo no se ha dado cuenta de que sería más feliz conmigo en mi carretera, sino que además se cree parte de la autopista y pretende subirse al mismo coche que mi hermana.

Mi hermana, la reina de la autopista. Mi hermana, la hermosa, la encantadora, la lista. Cuánto la he odiado siempre. Ahora que va a robarme al único hombre que podría acompañarme, ese odio me corroe y casi no me deja respirar.

Pero esto se va a acabar. Pronto, muy pronto, ella tendrá un auténtico accidente en su maravillosa autopista, sólo quedará de ella el recuerdo. Y ya me encargaré yo de que ese recuerdo se borre de la mente de mi hombre, para que así podamos ir juntos por mi solitaria carretera.

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