Quería ser una princesa y por eso se escapó de casa y se mudó al castillo. Lo había visto por dentro durante una visita guiada y ya sabía dónde dormir: en la suite real. Lo que no había previsto era que estuviera tan oscuro. O los ruidos extraños. Aún así, se mantuvo en sus trece hasta que vio al fantasma. De pronto, ser una princesa ya no era tan atractivo y corrió de vuelta a la seguridad de su casa.

El guardia de seguridad se quitó la sábana, divertido. Todos los años, a alguna niña del pueblo se le ocurría la brillante idea de ser princesa y vivir en el castillo. Por suerte, a las futuras princesas les daban miedo los fantasmas.

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