Jack Joe salió tambaleándose del burdel, donde se había gastado buena parte del oro que había logrado con su grupo de tramperos al traicionar a los indios con los que habían comerciado desde hacía años.
Esta traición había sido un mal asunto desde el principio, ya que su esposa india y sus hijos lo descubrieron antes de tiempo y amenazaron con avisar al resto. Pero el dinero que les ofreció ese capitán sin escrúpulos que había decidido acabar con las tribus que se interponían entre él y su conquista militar de la zona fue más que suficiente para todos ellos.
¿Quién mejor para envenenar a toda la tribu que unos tramperos en los que ya confiaban, casi todos con esposas y familia indias? El capitán les había proporcionado todo el veneno necesario y el antídoto para que lo bebieran antes de la comida y no levantaran sospechas por no probar bocado.
Por desgracia, algunos jóvenes, entre los que se incluían los hijos de sus compinches, habían hecho ayuno esa misma noche para un estúpido ritual chamánico y por tanto, cuando llegó la caballería, aún estaban en condiciones de luchar, lo que había reducido el pago posterior por parte del capitán.
El chamán, horas después, apareció en el campamento en el que los tramperos celebraban que sus bolsas estaban completamente llenas (y que ya no tenían una familia que mantener). Estaba con las tripas colgando y lanzó una maldición con su último aliento.
Al principio se habían reído y habían enterrado el cadáver bajo un montón de estiércol de caballo, pero luego empezaron las desapariciones…
Primero lo achacaron al deseo de empezar a gastar lo antes posible sus ganancias, pero un día escucharon el desgarrador grito de uno de ellos y lo encontraron muerto con cara de espanto cuando llegaron hasta donde estaba.
Jack Joe era el último. Sabía que iba a morir, y había decidido aprovechar al máximo hasta que la maldición le alcanzara, así que había ido recogiendo el oro de los que iban cayendo y se había instalado en el burdel, viviendo la vida al máximo.
Después de dar un paseo por el pequeño poblado de mineros, estremecido por los recuerdos, volvió a abrir la puerta del burdel y entró… para aparecer nada menos que en el poblado de indios. Allí estaban todos ellos: su mujer, sus hijos, los guerreros y las mujeres envenenadas… y todos ellos le miraban con ojos muertos, sus pieles putrefactas.
Jack Joe soltó por accidente la puerta que aún le ligaba a la entrada del burdel y la vio desaparecer en la nada. Sacó su pistola y comenzó a dispararles sin parar, pero era inútil. Cuando se le acabaron las balas, el chamán apareció en el centro del grupo. Todos los muertos abrieron a la par las bocas, mostrando unos afilados dientes que segarían las almas de los condenados, y se acercaron lentamente… muy lentamente.
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Este es el relato que hice en julio de 2011 para el concurso de un blog. Elegí la temática: Oeste en que aparezca un fantasma. Tuve que documentarme y todo, porque nunca me ha gustado mucho el western (¿sabíais que los tramperos no cazaban solos, sino en grupo? Primera noticia…), pero me gusta el resultado.
