En la ciudad todo era racional y estaba perfectamente controlado. Dominaba el gris y no había nada parecido a la diversión: se pasaba de un trabajo agotador a un descanso reparador. Hasta que empezaron los sueños. En ellos, los ciudadanos se convertían por unas horas en seres en blanco y negro que vivían grandes aventuras ayudados por una criatura colorida, al ritmo de una pegadiza melodía.
Luego despertaban y volvían a sus vidas. O no. De vez en cuando, alguien se ponía a tatarear la melodía. O una persona cambiaba su rutina. O aparecía una nota de color en alguna ventana.
Por supuesto, todos estos actos de subversión eran detenidos en el acto. Pero llegó un punto en que eran demasiados para eliminarlos a todos sin que el sistema se desplomara. Y los mismos que deberían detener estos actos acabaron uniéndose a los infractores.
Pronto, los colores y la melodía se fueron apoderando de la ciudad. El siguiente paso llegó cuando los ciudadanos empezaron a componer nuevas canciones y a mezclar esos colores para crear nuevas maravillas.
Luego empezaron a contar historias, y los gobernantes decidieron darse por vencidos. La fantasía había sorteado sus defensas y les había invadido. Ahora les tocaba a ellos retirarse y dejar que disfrutara de su triunfo. Tarde o temprano les volvería a tocar a ellos, y se encargarían de devolver a la ciudad al camino de la racionalidad.
Sígueme en…
O apúntate a la newsletter y no te pierdas nada.
Este es mi primer proyecto del Taller de Escritura de Be Literature, en julio de 2013. Había que inspirarse en la canción Of Monsters and Men, de Little Talks. Yo me basé más en el videoclip que en la música en sí.
