Princess se despertó a sus anchas; ocupaba prácticamente toda la cama y su chica, Ana, estaba acurrucada en un rincón, a punto de caerse. Tenía hambre, así que empezó a frotarse contra Ana y a darle pequeños mordisquitos y lametones para que se despertara. Ella tenía el deseo en la mirada, pero, cuando fue a besarla, Princess se levantó de la cama y dijo:

—Qué hambre, ¿no?

Luego se encerró en el baño y esperó a escucharla trajinar en la cocina, preparando el desayuno. Se demoró, acicalándose, hasta que intuyó que casi estaba listo. Pero, cuando llegó a la cocina, Ana solo había preparado el desayuno para sí misma, malhumorada, así que Princess se puso mimosa y, a lo tonto, picoteando y jugando, se lo acabó comiendo todo.

Después de comer no le apetecía hacer nada, solo tumbarse a ver la tele, así que cuando Ana, tras preparar de nuevo su desayuno, fue a su lado en busca de arrumacos, le devolvió una mueca de asco y prácticamente la echó de la cama. 

Un par de horas después, le entraron ganas de tontear un poco y encontró a su chica de lo más atareada con la colada. Pero Princess quería su atención ahora, así que, aunque se la veía malhumorada, hizo todo lo posible por llamar su atención. Cuando tiró al suelo la ropa que acababa de lavar, su chica reventó y empezó a gritarle.

Princess sabía lo que hacer cuando empezaba así: poner ojos de cordero degollado. Pero, esta vez, Ana no se ablandó, sino que corrió a la habitación y se encerró allí. Princess no soportaba estar fuera, se lamentó, suplicó, incluso intentó asomarse por la ventana, pero Ana no abrió la puerta hasta un rato después y, para sorpresa de Princess, llevaba una maleta.

—Se acabó, Princess. No hay quien conviva contigo. Eres una egocéntrica y parece que solo me quieres como chacha o como juguete. Pues bien, para convivir con alguien así, me compro un gato, que al menos son más monos y también mucho más baratos. ¡A tomar por culo!

Se largó, con su maleta, con un portazo. A Princess no le importó demasiado. Bueno, sí. Era muy cómodo tenerla cerca para que satisficiera sus necesidades, ahora tendría que hacer todo el trabajo. Un desastre.

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