Muchas veces pensamos que podemos con todo y luego al final eso tiene consecuencias en nuestra productividad. Siendo conscientes de nuestros propios límites, y planificándonos en torno a esas limitaciones, al final somos más productivos y funcionamos mucho mejor.
Pero, ¿a qué límites me refiero? Pues a todos niveles:
Tus límites temporales
Tienes un límite de tiempo que no puedes obviar: tú solo tienes veinticuatro horas diarias, un tercio de las cuales las dedicas a dormir. Descuenta tu trabajo, el tiempo que dedicas a comidas y abluciones…
Las horas que te quedan son las que tienes disponibles y son con lo que puedes jugar: si planificas tareas por más horas de las que tienes y dices «sí» a todo, estás en un brete. Puedes hacer pinitos con la multitarea si se cumplen ciertas condiciones, pero no puedes desdoblarte.
Tus límites espaciales
Los límites espaciales también los tienes que tener en cuenta. Hasta que se invente el teletransporte, si quieres hacer algo en un sitio y estás en otro, tienes que tener en cuenta los desplazamientos. Que sí, que a lo mejor los desplazamientos son geniales para aprovechar el hueco muerto, pero no siempre será así y tienes que contar con esa pérdida de tiempo. Si no lo haces pero luego tienes que desplazarte, también estás en un brete.
A mí me habría encantado hacer el curso de acrobacias en el túnel de viento, pero había que coger un coche para llegar y estaba en Mordor. Tras mucho sopesarlo, me pareció inviable y finalmente no lo hice. También he tenido que descartar algunos empleos muy interesantes por el mismo motivo.
Tus límites de capacidad
También debes ser consciente de los límites en tus habilidades o capacidades. Si no tienes los conocimientos necesarios para hacer una tarea compleja, o te cuesta más de la cuenta realizar ciertas actividades, no puedes actuar como si carecieras de esas limitaciones.
Habrá una curva de aprendizaje que no puedes obviar y que será más o menos pronunciada en función de la especialidad. Incluso si no hay curva de aprendizaje, tu propia habilidad marca los tiempos. Por ejemplo, yo soy muy rápida jugando con datos y escribiendo, pero a la hora de diseñar algo soy más lenta que un caballo cojo. Sé diseñar, ya estoy en la parte plana de la curva de aprendizaje, pero tardo mucho porque no es mi fuerte.
A la hora de planificarte y de estimar cuánto te llevará hacer algo, debes tener en cuenta esos límites y jugar con ellos. Por ejemplo, puedes delegar, o intercambiar habilidades: «yo hago rápido esto y tú haces rápido eso, así que yo te hago esto y tú me haces eso».
Ayuda mucho a la hora de tener tus límites de capacidad en cuenta que te cronometres cuando haces cada tipo de tarea.
Los límites de tu cuerpo
A veces, el cuerpo manda. Puedes tener toda la capacidad del mundo, e incluso buen margen de tiempo para realizar una tarea, pero tu salud te impide hacer ciertas cosas o ir tan rápido como deberías.
Si estás enfermo, o cansado, rindes menos. Es así de sencillo. Yo lo sufro en carnes a diario: la fatiga crónica derivada de mi esclerosis múltiple me impide rendir al 100% y consume mis energías más rápido de lo normal, por lo que a partir de media tarde estoy sin batería. Así que tengo que reducir actividades, reordeno mis tareas para que lo gordo llegue por la mañana y me lo pienso mucho antes de aceptar una actividad porque, si me sobrepaso, a lo mejor al día siguiente ni siquiera puedo levantarme de la cama.
Pero bueno, es lo que hay. Es un límite que tengo asumido, sé hasta dónde puedo llegar con mi cuerpo al igual que sé dónde puedo llegar con mis otras limitaciones, y me organizo en consecuencia. Ser consciente de esas limitaciones me deja optimizar al máximo y seguir sacando adelante todos los proyectos que tengo en marcha, así que te animo a que hagas lo mismo.
