¿Mi opera prima?
Como un gato de Schrödinger, No somos marionetas de los dioses es y no es mi opera prima. Esto es así porque es el primer libro que acabé de escribir, pero a la vez ha sido reescrito tantas veces que nada tiene que ver con esa primera novela que escribí, ¡aunque mantiene más o menos la misma estructura esencial y a casi todos los personajes!
La primera tanda de escritura fue entre los doce y los dieciocho años. Por entonces, se llamaba simplemente «Diltania». Luego lo revisé, pero fue una simple corrección ortotipográfica. Por suerte, cuando decidí mandar ese tocho de ochocientas páginas a editoriales, topé con un muro de silencio, salvo con una, que intentó estafarme. ¿Por suerte?, te preguntarás. Pues sí, porque detecté la estafa a la legua, pero me sentí tan decepcionada que dejé el libro en un cajón y no quise saber nada de él por mucho tiempo. También por suerte, todavía no había descubierto la autopublicación.

La segunda reescritura
La segunda reescritura la emprendí con veintitantos. Por entonces, ya tenía más bagaje como escritora y me encontré con que, formalmente, el libro no tenía nada malo. Era un perfecto viaje del héroe y lo renombré «El legado de Aliene».
La forma en que estaba escrito, sin embargo, ya era otra historia. Había caído en todos los errores de escritor novato que hacen infumable un libro: frases largas y enrevesadas, abuso de gerundios, adverbios y palabras cultas…
Cuando acabé la reescritura, más estilística que otra cosa, seguía teniendo un tocho de ochocientas páginas con un perfecto viaje del héroe y un empaque más que correcto. Pero incluso yo misma me daba cuenta de que algo faltaba. Tenía muchísimos elementos originales, y aun así, sabía que necesitaba algo más, pero no me veía capaz de averiguar qué. Así que volvió al cajón.
La última versión
Estaba entre proyecto y proyecto, decidiendo qué hacer a continuación, cuando me acordé del «Proyecto Diltania». Me puse a releerlo con interés y ahora sí que encontré el fallo. Los personajes carecían de profundidad. Todos se limitaban a cumplir con su papel, como en cualquier juego de rol de los ochenta. Elethien era el equivalente a la damisela en apuros, aun siendo tan poderoso. Eldaro era el clásico caballero paladín. Lon era la clásica maga. Los padres de Datne no tenían ambición y se limitaban a dejarse llevar por las circunstancias. Todo Refugio era un paraíso rebelde. Brontak era malo porque sí. La mayoría de los secundarios eran un pegote de relleno.
Pero la peor era Datne. No solo se dejaba arrastrar alegremente a una misión suicida (y enfatizo el alegremente) sin cuestionar nada y sintiéndose muy superior por ser tan especial. Era mi yo de doce años. Seré sincera: mi yo de doce años era insoportable. Si me resulta imposible empatizar conmigo misma a esa edad, mejor no imaginar qué pasaría con un lector frente a esa clase de personaje. Por no hablar del absurdo e histriónico romance imposible que metía con calzador.
Una vez que decidí darles profundidad y ahondar en ellos, la historia empezó a fluir. Al principio, eran pequeñas modificaciones, pero poco a poco ese conjunto de pequeños detalles empezó a modificar la trama de forma profunda. Elethien era demasiado inteligente y poderoso como para ser una víctima impotente. Eldaro era un tipo normal al que ser rey le venía grande. Lon estaba demasiado cegada por ciertas cosas para ser de utilidad. Los padres de Datne se pasaban de ambiciosos. Refugio no era tan idílico, y Brontak tenía cierta legitimidad; a la gente corriente el golpe de Estado le había importado más bien poco. Y Datne no iba a aceptar alegremente una misión suicida impuesta sin explicación, por no hablar de que estaba en medio de un asunto muy grave y no se podía poner a pensar en romances imposibles.
Por fin, llegué al punto en que a Datne se le revela su destino, la protagonista dijo «Ni hablar» y me vi en un brete. Pero entonces me di cuenta de una cosa: si seguía la estructura del viaje del héroe, pero le daba la vuelta, la historia funcionaba mejor.
Por otro lado, la subtrama de Refugio me pareció de gran interés ahora que los personajes de allí no eran unidimensionales. Y había otras subtramas que en el libro original tenían mucho sentido, pero que ahora dejaban de tenerlo, aunque tenían suficiente entidad para formar un libro propio (y ahí están, reservadas en el cajón, para cuando me de por volver a este mundo).
Tocaba meter tijera. Y vaya si metí: de las ochocientas páginas quedaron menos de la mitad. Y ahí seguí toqueteando, manteniendo la estructura pero dándole la vuelta y con unos personajes más ricos que hacían todo mucho más complejo e interesante.
Quedaba ahondar en el porqué de la insistencia de los dioses a que Datne cumpliera su misión, y me dio bastantes quebraderos de cabeza. Acompañé a Elethien en esa búsqueda y, según iba descubriendo cosas, yo me iba dando cuenta de que la explicación al problema estaba en mi mundo de Incursores. En Relatos del antiplano está el relato que enlaza ambos mundos, ¡pero no lo leas hasta que no hayas acabado con No somos marionetas de los dioses!
¿Y una vez acabado?
Ya tenía el libro acabado, mis lectores cero estaban encantados con los cambios y hasta convoqué a mis lectores y seguidores para que eligieran una de las dos portadas que proponía (ganó por cientos de votos la opción 1, con ligeras modificaciones).
Ahora me quedaba lo más difícil y lo más aburrido: plantearme qué hacer con el libro.
Siguiendo la estructura clásica hasta bien entrado el libro, era difícil de vender a una editorial como algo original: pocos lectores editoriales llegarían hasta la parte en que le doy la vuelta a todo. Por otro lado, la idea de buscar un agente se me hacía cuesta arriba, ya que soy una autora difícil de categorizar y últimamente tampoco voy a novela por año.
Quedaba la posibilidad de hacer un mecenazgo y me decanté por Verkami. Pero nada más publicarse el proyecto me di cuenta de que no iba a funcionar. Hacían muchas promesas, pero luego pretendían que forzaras a todos tus contactos a participar y, si mirabas las estadísticas, la gente que entraba de la propia plataforma era anecdótica. Sobra decir que fue un fracaso: ni soy de chantajear emocionalmente a la gente a mi alrededor, ni a ellos les va lo de pagar por anticipado por un libro que no verán hasta meses después.
Así que hice ajustes en el proyecto y volví a lo que se me da bien: la autopublicación. Es la opción más cómoda para todas las partes, puedo publicar todos los formatos aptos para cada bolsillo y sigo conservando esa edición premium que hace que cada libro sea único.
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Casi a la par que un extraño llega al pueblo y que empiezan a salir a la luz secretos peligrosos del pasado, Datne descubre que tiene el don de la magia. Tendrá que aprender a usarlo a escondidas si no quiere morir o acabar a merced del Emperador. Pero su habilidad con la magia es tan extraordinaria como preocupante, y solo puede proceder de los dioses, que la han elegido para cumplir una misión legendaria.
Datne ni cree en los dioses ni está dispuesta a cumplir sus órdenes. Es más, hará lo que haga falta con tal de deshacerse de lo que la obliga a seguir adelante en esa misión y romper su conexión con las deidades. Aunque eso signifique encontrar aliados insospechados, como un traidor que ha sacado partido de su maldición, un rey que no quiere ser rey, criaturas fantásticas, los rebeldes que quieren restaurar el viejo orden… o las propias fuerzas del mal.
Kindle
358 páginas
5€
Tapa blanda
366 páginas
15€
ISBN: 9798336238433


