Tengo varios libros de colegio en casa que han caído en mis manos de una forma u otra. Son esos ejemplares de menos de doscientas páginas, catalogados como juvenil, con portadas generalmente feuchas, que los chavales tienen que leerse obligatoriamente cada trimestre.
De tanto en tanto me da por leerlos, especialmente cuando tengo media tarde libre y no me apetece empezarme un libro gordo. Casi siempre me decepcionan. De hecho, de todos los que he empezado en los últimos años, unos siete, sólo uno me ha gustado (Sí pero no pero sí). El resto me ha aburrido mortalmente.
Lo que es más, haciendo memoria sólo recuerdo que me gustaran, durante mi etapa escolar, desde primaria hasta la ESO, tres o cuatro. De esos, recuerdo vagamente el argumento de dos, y el título de ninguno (la excepción es Fray Perico y su borrico… sé que lo leí, pero no recuerdo de qué va ni si me gustó).
De lo que sí que me acuerdo es que los cogía con asco, los leía a desgana y, al acabarlos, la mayoría me daban ganas de quemarlos. Cuanto mayor era el rango de edad al que iban dirigidos, peores resultaban. Tampoco ayudaba que leyera literatura adulta desde los diez años: me daba la sensación de que me tomaban por tonta.
Pero daba igual. Cuando decidieron empezar a meternos los grandes tostones de la literatura la cosa no mejoró. Pero claro, no me hicieron leer libros amenos e interesantes como La vida es sueño. Me obligaban a leer libros como Las ratas, que tiene el dudoso honor de ser el único libro que ha conseguido que deje de leer durante meses. Como anécdota, diré que mi propia madre se leyó el libro después porque no era frecuente que yo me quejara tanto con una lectura obligatoria… y no llegó a acabarlo. Y con todo el respeto al señor Delibes (y al profesor que decidió ponerlo como lectura obligatoria) no me parece la clase de historia que debes obligar a leer a chavales que, por norma, no leen (ninguna del realismo lo es).
Gracias a ese empeño por obligarme a leer obras de ese tipo, tardé años en superar mi odio a los clásicos y darles una oportunidad. Ahora voy a clásico por mes y me encantan, pero ¡muchos no los habría disfrutado de haberlos leído siendo adolescente! De hecho, algunos de esos libros (como uno de relatos del romanticismo) los he releído años después y, al contrario de lo que me pasó al principio, ¡¡me gustaron!! Pero claro, al señor Poe hay que leerlo con calma, y por voluntad propia, no obligado y con un plazo porque hay un examen en nosecuántos días.
Pero lo peor no es eso. Lo peor son esos clásicos recortados, en los que sólo aparecen partes seleccionadas por a saber quién. La versión cutre de El retrato de Dorian Gray que nos obligaron a leer en inglés se cargaba, literalmente, la historia. Por suerte, yo ya había leído (también en inglés) el libro completo. Lo triste es que casi suspendo por «inventarme cosas» y hablar de partes que no «salían» en el libro recortado. Very good, teacher…
Y yo me pregunto, ¿de veras quieren que los jóvenes lean más? Se supone que esas lecturas tienen como objetivo incentivar la lectura, pero consiguen lo contrario. Obligan a los alumnos a leer o bien clásicos que no son apropiados para su edad o bien libros en los que abundan los valores y una forma perfecta, pero también un contenido mediocre, aburrido, falto de interés y, lo que es peor, ¡lleno de paja! Por favor, ¿alguien me puede explicar cómo tienen paja libros de 150 paginas con letra gorda y a doble espacio?
En cuanto a los clásicos, igual que todos los libros, tienen su momento. Y ese momento no es el de «Te lo lees ahora sí o sí y más te vale ser rápido porque si no suspendes».
Teniendo esto en cuenta, hago un llamamiento a los profes:
- Ya que hay que obligar a leer, al menos que sea algo entretenido. Si no les desagrada, a lo mejor se animan a leer más. Si les desagrada, estarán más predispuestos a huir de los libros.
- ¡Un poco más de variedad y originalidad! Las historias insulsas de «odio a mis padres pero acabo comprendiendo que tienen razón», «desobedezco y me arrepiento», «he comprendido lo genial que es la vida sencilla en el campo durante mis vacaciones aunque iba obligado»… y pestiños similares no animan a nadie. Menos si tienes que leer el mismo argumento con ligeras variaciones en distintos libros a lo largo de tu vida escolar.
- Aunque parezca mentira, que no lean no significa que sean idiotas. Saben perfectamente diferenciar un argumento entretenido y bueno de uno aburrido y malo. Y si el argumento tiene agujeros irreparables, luego no te sorprendas si no lo han leído y te dan respuestas extrañas sacadas de internet.
- Si no leen, es probable que les gusten videojuegos y el cine. Si algo tienen esos medios, es que prescinden de paja, de descripciones que no llevan a ninguna parte y de dar vueltas una y otra vez sobre lo mismo. Busca algo que vaya directo al grano y que tenga movimiento.
- Prescinde de adaptaciones. Si quieres hacer que tus alumnos lean El Quijote, dales a leer El Quijote, no una birria de adaptación con las escenitas de siempre. ¿Que es muy largo? Divide el libro en tres y que lean un cacho cada trimestre. Te lo agradecerán.
- ¿Y qué tal si les das varias opciones para que elijan la que le apetezca más? Dales el control sobre sus lecturas y lo agradecerán.
