Sé que este tema es controvertido y que más de uno me crucificará por lo que estoy a punto de escribir pero… creo que no todas las «novelas» que se publican hoy en día son literatura.
¿Por qué digo esta «barbaridad»?
Porque creo firmemente que la Literatura (así, con mayúsculas) implica un esfuerzo consciente por usar el lenguaje a un nivel artístico. Y no lo digo solo yo, ojo. Si nos vamos a la definición de la RAE de literatura, no se puede ser más claro: «arte de la expresión verbal». Y la definición de novela es «obra literaria narrativa de cierta extensión». O sea, que no es una novela si no es literaria y no es literaria si no hay un cuidado de la expresión verbal a nivel artístico.
Esto choca de lleno con la ingente cantidad de escritores que vomitan la historia que quieren contar sin prestar atención a las palabras que usan o a la forma en que se expresan. Luego, la cadena sigue cuando los editores se limitan a hacer una corrección superficial y lo mandan a imprenta.
El problema es cuando nos venden estas narraciones como «novelas» o como «literatura». Puro marketing, porque ya hemos dicho que de literario tienen poco.
¿Y qué tiene de malo eso?
¿Aparte del engaño y del uso inadecuado de los términos? Para muchos, probablemente para la mayoría, nada. Que no sean literarias no implica que no sean perfectamente disfrutables. Lo son, y mucho, aun cuando, a veces, abundan las expresiones erróneas, los párrafos confusos y una gramática espantosa.
A mí misma no me molesta leerlas, de hecho, a veces hasta les pongo buena nota. Pero me duele que se ensucien las palabras «novela» o «literatura» asociándolas a obras que no lo son.
Estas obras no literarias que se venden como literarias no se pueden comparar a una obra en la que el autor hace un esfuerzo por plasmar su historia de forma bella y digna, así que me siento engañada cuando compro algo en busca de literatura y me encuentro con una narración que apenas roza lo aceptable en términos de lenguaje. A lo mejor hasta disfruto de la historia, pero me queda el poso de sentirme estafada.
El camino duro o el camino fácil
Escribir algo literario es horrible. Debes pasar horas meditando sobre si una palabra es la más adecuada, o si la frase está en el lugar correcto. Debes buscar sinónimos, luchar contra repeticiones y las construcciones de frases complicadas. Debes reescribir y pulir tu trabajo muchas veces… Debes, en definitiva, tener mucha paciencia y trabajar mucho.
Así pues, es comprensible cuando escritores y editores toman el camino fácil. ¿Para qué esforzarse, si el mercado acepta como literatura cualquier obra de ficción que se publique? Sí, lo entiendo. Pero no lo comparto.
Mi deseo como autora es mantener la dignidad de mis escritos. Creo que mis lectores merecen algo mejor que lo primero que salga de mi cabeza. Merecen disfrutar tanto del contenido como de la forma. Merecen que, aunque la historia no sea para ellos (porque esas cosas pasan, para gustos hay colores), al menos amen la forma en que está escrita.
Algunos ni se darán cuenta. Otros, preferirían que sacrificara eso en favor de sacar más libros. Pero, aunque esté muy lejos todavía de hacer gran literatura, al menos me quedo con la dignidad de intentarlo.

Espero que nadie te crucifique. Yo prefiero que la literatura no sea tan fácil de definir. No quiero ni me gusta que sea una especie de coto vedado para unos pocos o unos cuantos que escriben porque «así es como se hace porque lo dice ese y aquel que son de la RAE». En cuanto a lo bello o lo digno del estilo o registro que se utilice para decir lo que sea que se diga, diría que es muy subjetivo. Quiero pensar que la literatura es rica por eso mismo, porque en ella caben todos los registros, desde la narrativa exquisita de Vladimir Nabokov, hasta la simpleza narrativa de Raymond Carver.;)
Cuidado. Una cosa es simpleza narrativa y otra cosa es lo primero que se le pasa por la cabeza al autor. Como escritora, te aseguro que una simpleza narrativa bien hecha cuesta tanto o más esfuerzo que una narrativa exquisita.
Los dos autores que has mencionado cuidan sus textos, y sus editores también los cuidan. Ambos son literarios. Pero al lado de esas obras, en cualquier librería, te encuentras auténticos despropósitos que también te venden como literatura sin serlo. Y libros que son amenos y no están mal, pero que tampoco son literarios.