Es el consejo de gestión del tiempo por excelencia: haz una lista de tareas. Así que la haces, ¡qué de cosas salen! Al final, te encuentras con un scroll interminable de cosas por hacer. Es demasiado. Te agobias. Te bloqueas. No solo no haces nada, sino que cada vez que abres la lista te sientes más desmotivado y a la vez más culpable.
Y es que el consejo no debería ser que te hagas esa famosa lista, sino que la ordenes. Como mínimo, un orden básico, de más importante a menos importante, para que no te explote la cabeza cuando tengas que decidir qué hacer a continuación.
Pero yo te recomiendo que vayas más allá: necesitas ver, a golpe de vista, cuáles son las tareas más importantes, las prioritarias, distinguiéndolas de las más urgentes… De esto ya hemos hablado, prioritario y urgente no son lo mismo. De esta forma, podrás asignar las tareas y decidir qué hacer a continuación de una forma óptima.
Hay muchas formas de ordenar esa lista, pero, obviamente, yo te recomiendo mi método, que es el que sé que funciona. Puedes encontrarlo en La oficina eficiente y ¿Dónde está mi tiempo?
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