Da igual qué propósito te marques: dejar de fumar, empezar a llevar una vida sana o mejorar tu gestión del tiempo. Si no hay una motivación poderosa detrás, empezarás con mucha fuerza y acabarás fracasando a las pocas semanas.
¡Gestionar tu tiempo requiere de fuerza de voluntad y paciencia! No olvides que muchas veces tienes que renunciar a la recompensa inmediata por una recompensa futura mejor. Los resultados de un buen método no siempre se ven al principio, así que, si no lo consigues, puedes llegar a renunciar porque requiere demasiado esfuerzo y no ves resultados inmediatos.
Por eso, no vale decir que quieres mejorar tu gestión del tiempo para tener más tiempo libre. Al tiempo libre se le puede aplicar el concepto de entropía: si no impones el orden, acabará llenándose de caos. Es decir, aunque consigas aplicar el método y despejes tu calendario, acabarás utilizando tu tiempo libre de forma poco satisfactoria, matando el rato o haciendo cosas que no te aportan, y al final seguirás en la dinámica de pensar que no tienes tiempo para lo que de verdad importa.
Piensa en «para qué» y visualiza
En vez de decir que quieres tiempo libre, piensa en qué querrías invertir ese tiempo libre. Puede ser escribir una novela, salir más días de la semana con tus amigos, visitar todas exposiciones que tienes pendientes, aprender a coser… ¡lo que de verdad quieras hacer con tu tiempo libre!
Una vez que tengas ese «para qué», cierra los ojos e imagina un escenario en el que ya lo has conseguido. Parece una tontería, pero nuestro cerebro no distingue entre lo que pasa y lo que imaginamos, así que te cargarás de sentimientos positivos y casi saborearás el logro. Eso te da la motivación adecuada para empezar a gestionar tu tiempo y, lo más importante de todo, no dejar de hacerlo.
Un pequeño truco para que esa motivación no decaiga es dedicar unos minutos a volver a hacer el ejercicio o ponerte recordatorios de lo que quieres conseguir a tu alrededor. Yo, por ejemplo, tengo de salvapantallas mi foto en el templo de Abu Simbel, para que me recuerde que todo este sacrificio que hago en determinados momentos es para acabar la novela sobre Nefertari, que es mi gran reto de la década.
En la meta está el camino
Si ya tienes una meta trazada, sabrás cuánto esfuerzo tendrás que hacer para llegar a esa meta y qué sacrificios tendrás que llevar a cabo. Y es que no es lo mismo querer más tiempo libre para aprender un idioma que quererlo para escribir un libro.
No hablo ya solo del tiempo necesario para finalizar tu proyecto, sino también otros factores para tener en cuenta. Por ejemplo, uno de mis objetivos es tener más tiempo para hacer escapadas, ir a representaciones y ver exposiciones, pero las escapadas, representaciones y exposiciones no solo requieren tiempo, sino también dinero. Igual pasa con cualquier actividad que requiera materiales, o un curso de pago…
Pero, incluso aunque esos otros factores estén salvados, para algunas tareas (sobre todo las que no son sociales) nos sigue faltando el esfuerzo. Y el esfuerzo se sobrelleva mejor si tenemos hitos que vayamos cumpliendo y un camino trazado.
Ese camino repleto de etapas lo podemos ver (y descomponer) cuando sabemos dónde queremos llegar. Por ejemplo, escribir un libro amedrenta, pero escribir un capítulo de un libro amedrenta menos, y escribir 1000 páginas todavía menos. Aprender un idioma parece un objetivo gigante, pero aprender una regla de gramática y una palabra diaria es más llevadero.
Así pues, concreta para qué quieres tener más tiempo, visualízate consiguiéndolo y piensa en los pasos que darás para lograrlo. Entonces tendrás la motivación adecuada para cambiar tu gestión del tiempo y acercarte al objetivo.
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