Se había hartado de hacer manualidades con plumas y ahora le había dado por trabajar la técnica del linóleo, pero todavía estaba lejos de ser una experta: le estaba saliendo una extraña figura, cada vez más espantosa. Descartó ese trabajo e intentó empezar otro en el que mostraría el juego de unos niños, pero de nuevo comenzó a surgir esa espantosa figura. De inmediato, dejó el linóleo y volvió a las plumas, pero estas se enredaban y retorcían de forma imprevista hasta que volvió a ver esa forma que tanto la aterraba.

Tiró todo a la papelera y se vistió para salir de casa y despejarse un poco. Después de todo, aún quedaba mucho para la noche y estaría a salvo.

Era lo que estaba esperando el demonio que, aprovechando el eclipse, se había atrevido a salir a la luz del día y se había dedicado a retorcer las creaciones de su presa para hacerla salir de su refugio y tenerla por fin a su alcance.

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