Se había hartado de hacer manualidades con plumas y ahora le había dado por trabajar la técnica del linóleo, pero todavía estaba lejos de ser una experta: le estaba saliendo una extraña figura, cada vez más espantosa. Descartó ese trabajo e intentó empezar otro en el que mostraría el juego de unos niños, pero de nuevo comenzó a surgir esa espantosa figura. De inmediato, dejó el linóleo y volvió a las plumas, pero estas se enredaban y retorcían de forma imprevista hasta que volvió a ver esa forma que tanto la aterraba.
Tiró todo a la papelera y se vistió para salir de casa y despejarse un poco. Después de todo, aún quedaba mucho para la noche y estaría a salvo.
Era lo que estaba esperando el demonio que, aprovechando el eclipse, se había atrevido a salir a la luz del día y se había dedicado a retorcer las creaciones de su presa para hacerla salir de su refugio y tenerla por fin a su alcance.
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Este es el cuarto relato corto que organicé con las palabras que recibí en el Vuestras consignas, mi relato de agosto de 2017. El relato, publicado en septiembre de 2017, debía contener las palabras plumas, linóleo, eclipse, juego.
