Estaban en edificios diferentes, pero Patricia y Jorge se podían ver perfectamente a través de la ventana. Se miraban con disimulo a todas horas. Hasta que Patricia vio cómo, cada vez que Jorge se levantaba de su sitio, uno de sus compañeros se levantaba y espiaba su ordenador. Entonces escribió el primer cartel y lo adosó a su ventana:

«SUSPENDE EL PC CUANDO DEJES TU PUESTO. TE ESPÍAN»

Jorge imaginó quién y por qué hacía eso, así que escribió un cartel con un «GRACIAS, VOY A PONER UNA TRAMPA», lo colocó en su ventana y escribió un documento con datos falsos que su compañero le robó, lo que condujo a su despido pocos días después. Entonces, puso en su ventana un cartel con una cara divertida y una imagen graciosa de agradecimiento.

La siguiente pareja de carteles fue más prosaica: «ME GUSTAN LAS FIGURITAS DE TU MESA», «Y A MÍ LAS TUYAS». Luego, intercambiaron imágenes de sus series favoritas.

Desde ese día, hubo mucho movimiento en sus ventanas, pero pronto los carteles se quedaron cortos, hasta que por fin Patricia se armó de valor y escribió su número de teléfono. Jorge no se lo pensó dos veces y la llamó. Desde entonces, solo hay un cartel en cada ventana: «TE QUIERO, LUEGO TE CUENTO».

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