Ella era mi compañera en la eternidad, lo supe en cuanto la vi. Pero no podía transformarla, no cuando sabía que la estaba condenando a una vida de miseria, sin poder ver jamás la luz del sol. Tampoco podía mostrarme a ella como lo que realmente soy, porque un humano nunca podría aceptarlo y estar cerca de su dulce aroma sería suficiente para enloquecerme.

Maldije mi conciencia, por seguir en mi cuerpo después de mi transformación a pesar de que mi alma hacía tiempo que había desparecido.

Entonces se me ocurrió una idea: dejarla vivir hasta el día antes de su muerte y ese día transformarla pero ¿cómo saber cuándo moriría? Decidí, en mi desesperación, pedir a la muerte que me facilitara ese dato. Después de todo ¿qué tenía yo que perder?

No se me ocurrió pensar que la Muerte no perdona que le roben una víctima, y yo pretendía robarle a mi compañera el día antes de que se la llevara. Estúpido de mí. Me mintió, se la llevó antes de tiempo y ahora estaré solo por toda la eternidad…

Pero yo me estoy vengando de él un día tras otro… porque todas las víctimas de mi sed de sangre, que le entregaba sin falta cada noche, ahora pueden respirar tranquilos. Estoy en huelga de hambre, hasta que me la devuelva.

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