Mi dueño anterior era un genio, me encantaba entretenerle. Me resolvía en unos segundos y me dejaba impecable, con cada lado de un color solo, tras lo cual me desordenaba para volver a empezar.

Quizás por lo fácil que le parecía se cansó de mí tan pronto y me dejó abandonado, hasta que su hermano pequeño se coló en su habitación y le pidió que le dejara jugar conmigo. Ese día, si hubiera sido humano, hubiera temblado de emoción. Mis partes móviles se sentían expectantes; esperaban impacientes ser giradas después de tanto tiempo sin moverse.

Por fin, el niño comenzó a darme vueltas, pero algo iba mal. No me resolvía y comencé a notar cómo me agarraba con más fuerza y frustración según giraba erróneamente mis partes. Me tiró al suelo y no volvió a cogerme hasta unos días después, que fue cuando mi antiguo amo le preguntó:

—Qué, ¿lo resolviste?

—Sí —mintió el granuja—. Luego te lo llevo.

Sé que él desconfió, así que le dijo que, cuando me dejara en mi antiguo sitio, quería verme con cada lado de un único color. Ojalá no lo hubiera hecho, porque fue entonces cuando el hermano de mi dueño me mancilló. Antes de dejarme allí, sacó una a una mis pegatinas de colorines y las ordenó. Luego, fingiendo que me había resuelto, me entregó a mi dueño con altanería y le dijo:

—¿Ves?

Sígueme en…

O apúntate a la newsletter y no te pierdas nada.

Portada del libro de relatos breves 48 trozos de fantasía y ciencia ficción, de la escritora Déborah F. Muñoz
48 trozos de fantasía y ciencia ficción

Portada de la antología de relatos cortos 70 trozos variados
70 trozos variados
portada de 42 trozos de amor y pasión
42 trozos de amor y pasión

Portada de la antología de relatos cortos 68 trozos variados
68 trozos variados

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *