Dalms era un gran científico, y como tal su búsqueda debía ser también grande. Él siempre había sido un apasionado de la literatura fantástica, en especial de la que tenía que ver con las criaturas de la noche, así que un día, tras leer un manuscrito sobre hombres lobo, se dio cuenta de que esas criaturas podrían llegar a existir.
—Llegó un momento en que mis investigaciones no podían limitarse a los muertos —le escuché decir en el juicio—. Así que comencé a utilizar especímenes vivos para mi gran obra. No utilicé más que mendigos, nadie imprescindible para nuestra sociedad.
El abogado le preguntó por sus resultados, y entonces el genio miró a los presentes en la sala y se puso a reír de forma demente.
Evidentemente, fue condenado a la horca, obligado a pasar sus últimas horas en una celda repleta de gente. Ninguno de los condenados fue ahorcado al día siguiente, y nunca se dieron explicaciones. Aunque a mí no me costó demasiado esfuerzo descubrir la verdad…
Un aterrado vigilante me contó que, al entrar la luz de la luna llena en su celda, Dalms se transformó en una horrible bestia. Cuando los guardias lograron reaccionar, ya era tarde para sus compañeros de celda y los barrotes estaban a punto de ceder. Abatieron al gran lobo con sus saetas y, nada más acertarle, su cuerpo volvió a la normalidad y murió lentamente rodeado de cuerpos descuartizados.
Dalms pronto fue olvidado, pero unos considerables sobornos me han permitido tener acceso a su diario de investigación, y creo haber conseguido la fórmula. Siempre he deseado tener poder, y el poder del lobo es más que apetecible.
Sígueme en…
O apúntate a la newsletter y no te pierdas nada.
Escribí este relato de fantasía en octubre de 2009, directamente para publicarlo en el blog, sin ninguna consigna.
¿Buscas lecturas de fantasía?






