—Pues sí, tengo un paciente con una curiosa historia, Jacob Kristen —comenzó el reconocido doctor Krakov, director del manicomio local, cuando el círculo de intelectuales se interesó por sus pacientes más singulares—. Era un científico brillante y singular. En sus últimos trabajos se notaba que estaba al borde de la locura; luego le dio por los viajes en el tiempo y acabó de convertirse en un paria. Cuando afirmó que había encontrado el modo de llevar a cabo el disparate intercambiando su alma con un hombre del futuro, causó mucha diversión. Luego, quiso hacer creer a todos que había hecho ese viaje…
—¿Y ahora está en el manicomio, dice? —preguntó el doctor Alonov, reputado psicólogo, intrigado.
—Efectivamente, ya que se metió tanto en el papel que ahora se cree realmente un hombre del futuro atrapado en el cuerpo de Jacob.
—Un extraño caso, muy singular. Realmente me gustaría ir a visitarlo y hablar con él. Seguramente no está loco, sino que finge para recuperar su credibilidad. Sea como sea, sin duda tiene una mente muy original y gran capacidad de persistencia. ¡Hasta ha entrado en el psiquiátrico para mantener la pantomima!
El doctor Krakov no compartía esa interpretación. Tampoco tenía muchas ganas de compartir su objeto de estudio con el doctor Alonov, pero este insistió tanto que llegó un momento en que no podía negarse sin parecer descortés. Alonov era un hombre poderoso dentro de los círculos científicos, así que no le quedó más remedio que ceder.
Concertaron una cita en el manicomio un par de días después, para que el doctor Alonov hablara con su equipo y con el propio Jacob Kristen. Cuando llegaron, sin embargo, fue el propio equipo del doctor Krakov el que intentó impedir la visita:
—La cuestión es que en estos momentos no creo conveniente que reciba visitas, ya que ha habido un notable cambio en su actitud —dijo el encargado del ala este del psiquiátrico, donde estaba encerrado el paciente.
El doctor Alonov miró susceptible a Krakov, pero la genuina sorpresa del doctor le indicó que esa negativa no estaba planeada.
—¿Cómo es eso? ¿Qué clase de cambio?
—Pues verá, es curioso. Después de dormirse gritando que era Dorian Hawn, un hombre del futuro atrapado en ese cuerpo, comenzó a moverse espasmódicamente en sueños. Logramos calmarlo, por supuesto, pero al despertar miró desconcertado a su alrededor y comenzó a decir que él era Jacob Kristen, que había viajado al futuro intercambiando su cuerpo con un tal Dorian Hawn y que había visto cosas maravillosas —explicó el hombre, intrigado—. Ciertamente, he de decir que ha cambiado tanto su porte, su personalidad e incluso su forma de hablar que estamos desconcertados. Incluso algunos de los hombres de mi equipo piensan que la única explicación racional es que haya hecho ese viaje.
—Un caso curioso, sí señor —dijo el doctor Alonov—. Ahora tengo más ganas, si cabe, de verle. Que alguien lleve a tales extremos una mentira para recuperar su credibilidad y que encuentre un modo tan original de intentar volver al status quo indica que su mente es una joya de la interpretación. ¡Una auténtica joya!
A fuerza de insistir, consiguió hablar con el paciente, que se mantuvo firme en sus afirmaciones sobre su viaje en el tiempo. Alonov quedó encantado con la entrevista y escribió un largo artículo sobre el caso, en el que recomendaba soltarle, ya que no estaba loco.
Krakov y su equipo no lo veían tan claro, ya que le creían convencido de cuanto decía. Sin embargo, el artículo del doctor Alonov pesaba mucho en ciertos círculos y, a riesgo de que le acusaran de mantener encerrado a un cuerdo, el director del manicomio le soltó.
Jacob Kristen volvió, pues, a su laboratorio, y siempre insistió en la veracidad de su historia. La gente, sin embargo, había leído el resumen del artículo de Alonov en los pasquines, y solo le seguían la corriente para intentar pillarle en la mentira.
Finalmente, el científico se cansó de la incredulidad. Se aisló del mundo y solo fue visitado, de tanto en tanto, por un joven sobrino que quería ser escritor y que utilizó las maravillas de las que hablaba su tío para ambientar esas historias. Siglos después, se consideraría a ese escritor un visionario adelantado a su tiempo, ya que había profetizado inventos y costumbres sociales inconcebibles para su época.
Sígueme en…
O apúntate a la newsletter y no te pierdas nada.
Septiembre de 2010. No tengo mucha más información sobre este relato. Me acuerdo de haberlo escrito, pero no para qué. Probablemente, para un concurso. Lo encontré en un usb olvidado en un cajón donde hacía el backup de los relatos cortos que escribía en un ordenador largamente desaparecido. La versión original era todo diálogos y le he dado un gran repaso hasta dejarlo a mi gusto. Los años de experiencia me han permitido explotar el potencial que no supe exprimirle entonces
