La noche era silenciosa y los aromas del bosque le rodeaban mientras exploraba el claro para comprobar si era seguro para su grupo pasar por allí. Un ligero sonido le alertó de la presencia de sus enemigos pero ya era demasiado tarde; había quedado al alcance de su mago.

El hechizo de parálisis que le lanzó le impediría pronunciar nada más que leves susurros. Por más que se esforzara, no lograría alzar la voz lo suficiente para alertar a sus compañeros. Desesperado, se dio cuenta de que le mantendrían paralizado en medio del claro para que sus compañeros fueran más vulnerables cuando intentaran ayudarle.

No tardó mucho en ver cómo los enemigos volvían a esconderse en sus posiciones, ya que sus compañeros, completamente confiados, se acercaban. Desesperado, comenzó a susurrar las palabras de activación de su anillo mágico. Apuntaba al suelo, por lo que la bola de fuego le quemaría vivo con absoluta certeza, pero la explosión resultante avisaría a sus compañeros de la trampa.

«Y quizás, con un poco de suerte, acabará con algunos enemigos en el proceso», pensó en su último segundo. Si hubiera podido moverse, una sonrisa amarga se habría pintado en su rostro.

***

El amanecer se dibujaba en el cielo cuando los compañeros llegaron al lugar de la explosión que les había salvado la vida. Habían pasado la noche luchando en un terreno favorable hasta acabar con sus enemigos. Ahora, buscaban a su explorador, con la esperanza de que hubiera sobrevivido.

La bola de fuego había sido tan intensa que no quedaban más que restos ennegrecidos. En el centro había una figura carbonizada con forma ligeramente humana. Un anillo brillaba en lo que unas horas antes era su dedo anular.

Una guerrera envuelta en una capa se acercó a la figura y cogió delicadamente el anillo, pero eso fue suficiente para que la forma se desmoronara y se convirtiera en una pila de cenizas.

Apretó con fuerza el anillo contra su pecho, con lágrimas en sus mejillas, pero se sobrepuso. La misión era urgente. No tenían tiempo para recoger las cenizas, tenían que confiar en que seguirían allí a su vuelta, si es que sobrevivían. Así pues, rezaron una rápida oración por su alma y se alejaron.

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