—Feliz Navidad, mi amor —dijo, y alzó su copa en dirección al sillón vacío.
Hacía años que el cáncer se la llevó, pero seguía sintiendo su presencia con fuerza, en especial en esas fechas tan señaladas. No obstante, esta vez ella le devolvió el saludo y poco a poco se materializó en su sitio.
Incrédulo, se levantó con agilidad del asiento, lo que le desconcertó aún más; hacía años que no se movía tan bien. Una mirada atrás, a donde reposaba su cuerpo sin vida, le dio la respuesta. Sonrió y corrió a abrazar a su amada. Había aprovechado su vida al máximo, tal y como le prometió, aunque su falta le había pesado tanto que no había podido ser feliz, así que su muerte, y con ella la posibilidad de volver a reunirse con ella, era el mejor regalo de Navidad.
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Este es un microrrelato de fantasía que escribí para el concurso de Zenda en enero de 2018.
