Estaba loca por el taciturno y orgulloso Marc, pero todos parecían dar por supuesto que se casaría con el extrovertido y alegre Daniel. Lo malo era que ambos siempre estaban juntos, así que tenía que acoplarse a los grupos que frecuentaban los dos para estar con Marc y todos pensaban que lo hacía para estar con Daniel. Incluido el propio Marc, que cada vez estaba más convencido de que ella estaba enamoradísima de su amigo, y se esforzaba por acaparar la atención de su carabina y dejarles a solas.

Todo cambió el día en que dio esquinazo a su carabina para buscar a Marc en el jardín. Allí, se encontró con Daniel, que intentó besarla. Ella le dio un sopapo y salió corriendo, dándose de bruces con Marc, que lo había presenciado todo. 

—Así que… no te gusta Daniel —dijo, extrañado—. Entonces, ¿por qué…

Ella le calló con un beso, que le dejó aún más estupefacto, y salió corriendo porque no se atrevía a esperar su reacción.

Al día siguiente, no obstante, tuvo que volver a encontrarse con ambos amigos y Daniel, que había aceptado la derrota con deportividad, se alejó junto a la carabina en cuanto tuvo oportunidad. Ambos se miraron, azorados, pero Marc pronto reunió valor para devolverle el beso que le había dado el día anterior. Con eso, ambos sellaron su destino.

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