Frank encontró la felicidad en los ojos negros de una esclava mulata, pero los prejuicios de sus semejantes le impidieron disfrutar de esa dicha y le obligaron a vivir su amor a escondidas.
Por eso, cuando estalló la guerra, fue uno de los pocos sureños que se unieron al bando del norte y luchó contra los suyos. Fue duro; aguantó solo gracias a la esperanza de poder vivir en paz junto a su amada. Pero. por fin, los esclavistas fueron aplastados y estuvo en el bando ganador.
Fue entonces cuando cometió un error fatal. A pesar del odio de sus vecinos, decidió permanecer en sus tierras junto a su antigua esclava, fausto y con la confianza de que los yankees le protegerían. Pero nadie pudo protegerlo del incendio provocado en su propiedad. Cuando él y su amada se vieron atrapados por las llamas, solo pudo esperar que ambos irían a un lugar donde pudieran amarse sin miedo.
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Escribí este relato en febrero de 2017 con una palabra olvidada. Esta vez elegí fausto, pero no el significado que conocía (lujo) sino el otro: feliz, afortunado.
