Por fin llegaba al final, solo un puzzle más y el tesoro sería suyo. Le dedicó unos minutos, nada comparable a las horas que había dedicado a la tarea, hasta que por fin superó el último obstáculo y pudo abrir por fin el cofre. Una vez hecho esto, la pantalla se llenó de fuegos artificiales y apareció un pollito que le decía que había finalizado el juego y que podía descargarse uno similar pulsando en el enlace.
Eso ya no le interesaba, había logrado su objetivo y ya podía volver a la montaña de aburridos informes que debía revisar. Cuando ya llevaba un rato con ello, sin embargo, se lo pensó mejor y volvió a encender su teléfono para proceder a la descarga. Necesitaba un poco de evasión de vez en cuando si no quería morir de aburrimiento, y el juego nuevo no pintaba tan mal.
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Escribí este relato en junio de 2019 en base a este lanzamiento de dados.

