Retomaron en contacto cuando coincidieron en una web de citas. Sabían que no eran compatibles, ni siquiera se llevaban bien en el instituto, pero eso no evitó que la conversación fuera cada vez más personal.

Pronto lo personal derivó en mensajes cada vez más picantes. Él escribió que siempre había fantaseado con hacerle el amor en la ducha. Ella respondió que más de una vez había imaginado que cubría su cuerpo con sirope de chocolate y nata para lamerlo de arriba a abajo. Él comenzó entonces a describir dónde la tocaría si la tuviera delante. Ella siguió el recorrido con sus manos, imaginando que era él. Luego le tocó el turno y escribió un sugerente párrafo que le llevó al borde de la locura.

Entonces él escribió algo sobre practicar todas las posturas del kamasutra. Ella se lo tomó como un reto y por fin se animaron a verse. Quedaron en las puertas de un sex shop. Él llevó un bote de nata y otro de sirope de chocolate. Ella llevó el kamasutra. Y ya desde el primer beso supieron que, al menos en un aspecto, no eran tan incompatibles.

Sígueme en…

O apúntate a la newsletter y no te pierdas nada.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *