La casa era la más moderna y ostentosa que podía encontrarse en los alrededores, con dos pisos conectados entre sí por una bella escalera de caracol. La parejita, que quería que todos sus amigos les miraran con envidia, no lo dudó ni un segundo y la compraron.
Una pena que no usen demasiado el segundo piso, y que hayan acabado por trasladar todas sus pertenencias al de abajo. Es que los setenta años de edad y la artritis no perdonan, por más que uno quiera aparentar tener veinte.
Escribí este relato durante el primer día de un maratón de escritura en agosto de 2011. Fue lo primero que escribí para la maratón, con la consigna de ese mes en Adictos a la escritura, que era escalera.
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Todas las historias y personajes de este blog son ficticios. Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.






