La familia se reunió, como en todas las tardes anteriores a All hallows eve, en torno al árbol sagrado para purificarse. Kathia, la hija adolescente, no paró de refunfuñar. Era el primer año que participaba en los rituales y no creía en ellos, así que prefería quedarse en casa preparando su disfraz de ese año, que tenía que ser el más espectacular si quería conquistar a Tom y dejar en ridículo a su mayor enemiga, Azalea.

En cuanto acabaron, Kathia se dirigió con rapidez a la casa, para desprenderse de esa estúpida túnica y empezar con los preparativos, siendo detenida de inmediato por su madre.

—¿Dónde crees que vas? Ahora tenemos que ir a la mansión y quedarnos allí hasta que los dos mundos vuelvan a estar separados.

—¿Cómo dices? Mamá, la fiesta de Tom es esta noche ¡No puedo faltar!

—Cariño, ya sabes que esta noche nuestra familia es especialmente sensible a las criaturas de ultratumba, que son más poderosas que nunca cuando el velo de los mundos cae. Tenemos que quedarnos en la mansión hasta que pase todo si no queremos que ocurra una desgracia.

—Me niego. Y menos en esa casa que se cae a pedazos y que no tiene ni calefacción. Yo me voy a la fiesta —exclamó ella, siendo detenida por el férreo agarre de su tío.

—Tú no vas a ninguna parte. Tu negatividad nos está contaminando y ahora tenemos que repetir el ritual de purificación.

—Estáis todos locos —se puso nerviosa Kathia, al ver a todos los adultos mirándola con cara siniestra.

Desprendiéndose de su tío, la adolescente huyó de ellos. Corrió durante lo que le parecieron horas, hasta que les perdió de vista. Jadeando, se marchó a su propia casa, donde entró a hurtadillas por si la estaban esperando. No había nadie; seguramente habían vuelto a su ridículo árbol o estaban ya encerrados en la mansión, aterrados por seres que ni siquiera existían.

Se puso su disfraz rápido, maldiciendo a sus familiares por ser tan locos y paranoicos cada vez que se acercaba una fiesta pagana, tras lo cual se dirigió a la fiesta, con la esperanza de que al día siguiente volvieran a comportarse como personas normales.

Al día siguiente, Kathia regresó a su casa feliz. Había llamado la atención de Tom desde el principio y su triunfo fue aún mayor cuando, enfrente de Azalea, él la había invitado a entrar en el deportivo. Ambos se habían dirigido al descampado frente al cementerio para dar rienda suelta a su pasión, en una noche mágica que había deseado que no tuviera fin.

Dentro de su vientre, el demonio mayor Zhaercigloth también se sentía contento. Al principio había pensado en atacar a la imprudente brujita, pero cuando se dio cuenta de lo que iba a pasar cambió de opinión y esperó pacientemente a que acabaran lo que estaban haciendo. Poseer a una criatura recién concebida era mucho más sencillo e infinitamente más útil: como aún no estaba formado, podía moldear su cuerpo a su antojo. Además, sería divertido sentir la desesperación de la madre cuando se diera cuenta de que una criatura de los avernos se la estaba comiendo desde dentro.

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