Por fin ha decidido dar el paso y abrir un perfil en una de esas redes sociales, de las que tanto le habían hablado. Cuando aun no ha metido todo lo que quería meter en su perfil, se da cuenta de que puede entrar en los perfiles de otros. En ese momento se sumerge en las vidas de los demás, navegando de un perfil al perfil del amigo, del perfil del amigo al perfil del amigo del amigo.

Inmersa en la vida de los demás, se olvida de que tiene vida propia. Mira, lee, cree conocer a desconocidos y se ve aceptada por ellos. No les ha visto en persona, pero conoce sus caras, sus aficiones, dónde nacieron, estudiaron y salieron de marcha.

A veces ve a gente en la calle cuya cara conoce de la red. Ella sabe quienes son, aunque ellos no la conozcan, y eso la divierte.

Poco a poco, se olvida de sí misma, tan perdida está en la red. Pero un día encuentra un perfil vacío con su nombre. El perfil que había dejado a medias. Empieza a llenarlo, recupera su vida.Entonces, se da cuenta de que así todo el mundo podrá saberlo todo de ella: todos conocerán su cara, sus aficiones, dónde nació, estudió y salió de marcha. Se da cuenta de que gente de la calle que vea su cara en la red sabrá quién es ella, aunque no los conozca.

Eso ya es tan divertido, así que vacía de nuevo su perfil y vuelve a navegar por la red de perfiles. Vuelve a olvidar que tiene vida, pero eso le da cierto poder, cierto sentido de importancia.

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