La Merche era la reina del correveidile. Le encantaba llegar cada semana al mercado con su cabás y acercarse al grupo más numeroso de compradoras para soltar sus chismes:
—Córcholis, no imagináis de lo que me he enterado —empezaba—. El hijo de la Norberta, el que parece un dandi, ha empezado a salir con la niña de la Maripaz.
Pronto, el rumor se difundía y la frase «La Merche se ha enterado de…» estaba en boca de todos, con lo que ella se sentía importante.
Y así siguió hasta que le dio el arrechucho y no pudo asistir al mercado el día de siempre. Esa tarde, asomada en el balcón, escuchó una conversación entre dos vecinos:
—La Loli dice que la Tere le ha contado que la Merche se ha ido al otro barrio —empezó uno.
—Cáspita, pues a mí la Norberta me dijo que la Merche se fue a recibir una herencia de un primo lejano y por eso no se la ha visto el pelo hoy en el mercado.
La Merche se lo pasó pipa escuchando os rumores sobre ella y se dio cuenta de que se sentía aún mejor cuando la mencionaban como parte del rumor que como la generadora del mismo, así que a la semana siguiente acudió al mercado con aires misteriosos y no dio más que evasivas a los que se interesaron por su ausencia, lo que generó un nuevo correveidile.
Pronto, estaba en boca de todos y se formó un ejército de curiosos en torno a su persona. Por las tardes, mientras escuchaba desde su balcón las historias que se inventaban en torno a su misterio los cotillas, sonrió satisfecha.
«Ahora sí soy la reina del correveidile».
Este relato corto lo escribí en septiembre de 2017 con varias palabras olvidadas. Esta vez usé Correveidile (Persona que lleva y trae cuentos y chismes), Cabás (Sera pequeña, esportilla o cestillo para llevar la compra), Cáspita (Para denotar extrañeza o admiración), Córcholis (Caramba. / Denota extrañeza o enfado) y Dandi (Hombre que se distingue por su extremada elegancia y buenos modales).
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