¿Cómo podía no corresponder a su amor? Era su salvador, había puesto su vida en peligro para auxiliar a esa mujer y se atrevía a decirle que, por muy agradecida que estuviera, no podía obligarse a enamorarse de él. Estaba claro: nunca sería suya. Había probado todo lo que se le había ocurrido para ganarse su amor, incluso había orquestado ese atraco para que ella se cayera a la vía y él la salvara en el último momento arriesgándose a un mal cálculo mortal, pero nada.
Así pues, perdió toda esperanza de enamorarla y decidió que, si no podía ser suya, no sería de nadie. Quiso contratar a otro para que acabara con el objeto de su obsesión sin que hubiera nadie para salvarla esta vez, pero había dejado demasiadas pistas sobre su participación en el atraco y la policía le detuvo antes de poder hacerlo.
Cuando, en el juicio, la vio abrazar a ese hombre extraño, creyó morir de odio. Intentó, desde la cárcel, que alguien de fuera se encargara de matarlos a ambos, pero el otro también tenía contactos en la prisión. Lo último que supo antes de morir desangrado fue que ella se iba a casar con su rival y que su muerte era su regalo de bodas para ella.
Este es un relato corto hecho con las palabras que me mandaron los lectores en enero de 2018. Esta vez solo recibí de Fernando Codina, que dijo amor, auxiliar, salvador. Y con esas lo voy a hacer.
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